El mapa de las preferencias políticas en la provincia de Córdoba comenzó a mostrar señales de reconfiguración estructural tras los ruidos de los últimos meses. De acuerdo con el último relevamiento provincial de la consultora Sicchar, el presidente Javier Milei experimentó una leve recuperación en sus niveles de aceptación popular, mientras que el gobernador Martín Llaryora consiguió frenar el deterioro de su gestión y estabilizar su nivel de aprobación. En términos estrictamente electorales, el estudio introduce un dato de fuerte impacto para el armado de las estrategias hacia 2027: el diputado nacional Gabriel Bornoroni, impulsado exclusivamente por la tracción del sello libertario, se consolidó como el opositor más competitivo en los escenarios de enfrentamiento directo con el oficialismo cordobés, superando los márgenes de los referentes históricos de Juntos por el Cambio.
El estudio, que relevó 1.070 casos mediante un esquema mixto entre el 23 y el 28 de junio, ubicó la aprobación de Javier Milei en un 51% frente a una desaprobación del 47%. El repunte de tres puntos respecto a la medición de mayo marca el fin del impacto negativo que provocaron las tensiones de la interna ministerial porteña, permitiendo que el discurso presidencial vuelva a focalizarse en las variables macroeconómicas que constituyen su principal activo en el distrito electoral más afín a la propuesta de La Libertad Avanza. De todas formas, la recuperación se produce desde un piso condicionado, ya que el mandatario nacional se mantiene diez puntos por debajo de la marca histórica de 61% que ostentaba al inicio de su mandato.
Por su parte, Martín Llaryora logró reposicionarse y rozar nuevamente la barrera del 50% de aprobación, contra un 43% de rechazo. La estabilización del jefe del Ejecutivo provincial coincide con un desplazamiento en la agenda pública de los acontecimientos policiales e institucionales de alta sensibilidad social que habían erosionado su imagen en los meses previos. Al quedar expuesto ante la opinión pública que las demoras y las responsabilidades principales recaen sobre el andamiaje del Poder Judicial, la figura del gobernador comenzó a desagotarse de esa presión territorial, devolviéndole margen de maniobra para consolidar la centralidad de su gestión institucional en el interior profundo de la provincia.
La verdadera novedad del informe de Sicchar radica en el testeo de las candidaturas de cara a la sucesión provincial, donde la fragmentación de la oposición tradicional favorece al oficialismo. En una medición de escenarios múltiples, Llaryora lidera con comodidad alcanzando el 34,5% de las intenciones de voto, distanciado de Luis Juez que retiene un 14,2%, Rodrigo de Loredo con un 11,2% y Gabriel Bornoroni con el 8,4%. Sin embargo, el panorama se modifica drásticamente cuando la encuesta simula enfrentamientos directos sin terceras opciones, exponiendo que el votante cordobés tiende a polarizar la discusión entre el cordobesismo y el proyecto de la Casa Rosada.
En el mano a mano, Llaryora cosecha un 39,1% contra un competitivo 35,8% de Bornoroni, reduciendo la brecha a poco más de tres puntos porcentuales. Este desempeño del titular de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados resulta superior al que registran las opciones tradicionales de la oposición, ya que el gobernador estira su ventaja a más de seis puntos frente a De Loredo y a nueve puntos cuando se lo confronta con Juez. La explicación técnica del fenómeno radica en que el caudal de Bornoroni no responde a una instalación de perfil personal, sino a la absorción directa y casi automática de la identidad de Milei en la provincia, transformándolo en el canalizador natural del voto antijusticialista.
Pese a las proyecciones, el dato que condiciona cualquier lectura lineal del escenario cordobés es el volumen de indecisos. Según el informe, entre el 25% y el 32% del electorado provincial manifiesta votar en blanco, estar indeciso o directamente no concurrir a las urnas de acuerdo al formato de la oferta electoral. Esta masa crítica de votantes sin una referencia definida supera holgadamente la distancia técnica que separa al gobernador de sus rivales y ratifica que el resultado final del mediano plazo dependerá de la evolución de la economía cotidiana y de la capacidad de los armadores del Panal para fragmentar el espacio opositor e impedir la consolidación de una única opción bajo el paraguas libertario.

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