La decisión de Martín Llaryora de otorgar libertad de acción a sus legisladores ante la reforma política de Javier Milei responde a una estrategia de descompresión interna y autonomía táctica. Apoyado en un repunte de las encuestas locales, el peronismo cordobés abandona la idea de un pacto de supervivencia con el oficialismo nacional y apuesta al desgaste libertario.
La reactivación de las negociaciones en el Congreso para eliminar las elecciones primarias (PASO) y sancionar la ley de Ficha Limpia forzó una reconfiguración de la ingeniería electoral en el Centro Cívico de Córdoba. El gobernador Martín Llaryora definió que el bloque de parlamentarios cordobeses operará bajo el esquema de «libertad de acción» de cara al debate que promueve la Casa Rosada. Los motivos detrás de esta soltura legislativa responden a un cambio de diagnóstico en los despachos del Panal, donde los últimos sondeos de imagen y gestión exhiben una recuperación del mandatario provincial en paralelo a un progresivo desgaste de la valoración pública de Javier Milei en el distrito. Esta ventana de optimismo estadístico diluyó la urgencia de estructurar un acuerdo de cúpulas con La Libertad Avanza (LLA), mutando el temor inicial a la ola libertaria por la aplicación de un pragmático «principio de realidad».
Las causas de esta autonomía de voto combinan la tradición histórica del peronismo cordobés con la conveniencia cronológica del calendario electoral de 2027. Por un lado, el schiarettismo y el llaryorismo arrastran un histórico rechazo doctrinario a las primarias obligatorias en el plano provincial, lo que les otorga argumentos sólidos para acompañar la iniciativa de la Casa Rosada sin que esto sea interpretado como una claudicación ante los libertarios. Por el otro, la supresión de las PASO le otorga a Llaryora una ventaja estratégica clave: desplazar el cierre de listas nacionales de junio a agosto. Este diferimiento le concede al gobernador mayor margen de maniobra para blindar la fecha de los comicios provinciales y forzar un escenario donde la gestión de Milei deba revalidarse ante las urnas con una economía que, según calculan en el Panal, todavía demandará varios meses para consolidar una reactivación real del poder adquisitivo.
La flexibilización del bloque peronista opera, asimismo, como un reflejo de la fragmentación que exhibe el arco opositor en Córdoba. En el Centro Cívico de Córdoba dan por descontado que la oferta electoral contraria al llaryorismo se atomizará en al menos tres o cuatro terminales distintas, con Gabriel Bornoroni por el oficialismo nacional, Rodrigo De Loredo bajo el amparo de Mauricio Macri, y un Luis Juez que recalcula sus alianzas ante los límites financieros impuestos por la Casa Rosada. Al prescindir de un alineamiento automático con la estrategia de Balcarce 50, el gobernador cordobés busca transformar la dispersión de sus adversarios en su principal garantía de continuidad, evitando los costos políticos de un pacto explícito con el gobierno central en momentos donde el impacto de la quita de subsidios a las tarifas públicas empieza a horadar el humor social.

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