28 agosto, 2026

El desplome del comercio cordobés: los motivos de la pérdida de rentabilidad y el auge del pago financiado

El último informe de la Cámara de Comercio de Córdoba revela una contracción superior al 20% en las ventas por unidades durante mayo de 2026. La caída del poder adquisitivo y la falta de referencias en los costos explican un escenario crítico donde los locales operan con márgenes mínimos para sostener las estructuras fijas.

La agudización de la crisis en las ventas minoristas del principal distrito del interior del país responde a un proceso de asfixia combinada entre el aumento de los costos fijos y la licuación de los ingresos familiares. Según los datos del Observatorio Comercial de la Cámara de Comercio de Córdoba ($CCC$), las ventas minoristas cayeron un 21% en unidades durante mayo de 2026 en términos interanuales, registrando además una contracción del 5% frente al mes inmediato anterior. La causa fundamental de esta parálisis radica en la pérdida de tracción del consumo masivo que forzó una reducción drástica en el ticket promedio, el cual se hundió a $124.000, perdiendo casi $25.000 de valor nominal en comparación con los registros de abril.

Los motivos de la crisis sectorial se vuelven más complejos al analizar el indicador de rentabilidad, que sufrió un desplome interanual del 22%. Este indicador demuestra que los comerciantes de corredores céntricos y centros de compras ya no solo venden menos mercadería, sino que están absorbiendo los incrementos de alquileres, tarifas de servicios y salarios resignando su propio beneficio para evitar el cierre definitivo de persianas. El impacto de este escenario sobrepasó las previsiones del sector privado: apenas el 9% de los comerciantes logró cumplir sus expectativas de facturación mensuales, un dato que consolida una profunda fatiga en las proyecciones de los empresarios locales de cara al segundo semestre del año.

La escasez de liquidez de los hogares cordobeses alteró de forma drástica la fisonomía de las transacciones diarias. Ante la necesidad de estirar los presupuestos familiares, la tarjeta de crédito se consolidó como el método de pago más utilizado, seguida muy de cerca por las billeteras virtuales, mientras que el uso de dinero en efectivo y tarjetas de débito quedó relegado a márgenes mínimos. Esta dependencia de los mecanismos de financiación y el endeudamiento corriente funciona como un síntoma de supervivencia económica, permitiendo a los usuarios patear los gastos cotidianos hacia los meses siguientes mientras que, exceptuando nichos específicos como la informática, la electrónica y los accesorios de moda, la mayoría de los rubros comerciales minoristas ingresa en una fase de estancamiento operativo prolongado.