La visita de Axel Kicillof a La Falda no es solo un evento gremial; es el catalizador que ha reactivado todas las alarmas en el tablero del PJ local. Su desembarco en el «impenetrable» cordobés —territorio históricamente refractario a su figura— forzó a los actores locales a marcar territorio con estrategias contrapuestas. Mientras Martín Llaryora ensaya un equilibrio delicado, enviando señales de que está dispuesto a enfrentar al bonaerense en una interna nacional, Natalia de la Sota se consolida como el puente necesario para una construcción que busca trascender las fronteras del AMBA. En este escenario, Córdoba vuelve a ser el laboratorio donde se mide si el peronismo nacional puede mutar hacia una versión «potable» para el interior.
Las claves de esta pulseada política revelan una interna que ya no se oculta y que mira fijamente al calendario de 2027.
1. El desafío del Llaryorismo: «Te esperamos en las PASO»
Desde el Centro Cívico, la consigna es no ceder el protagonismo. Ante la proyección nacional de Kicillof, el llaryorismo ha comenzado a instalar una narrativa de confrontación interna.
- La vía de las PASO: Cerca del gobernador cordobés sostienen que, si el bonaerense pretende liderar el PJ nacional, deberá validar ese título en una primaria contra el modelo Córdoba. Es una forma de marcar que Llaryora no será un espectador del armado porteño, sino un competidor con peso propio.
- Participación táctica: La reciente autorización de Llaryora para que intendentes «paladar negro» participaran en el encuentro de Parque Norte —un PJ nacional que intenta «deskirchnerizarse»— es otra señal: Córdoba quiere estar en la mesa de decisiones para evitar que el eje vuelva a cerrarse sobre la provincia de Buenos Aires.
2. Natalia de la Sota: el nexo estratégico
La diputada nacional ocupa un lugar central en este entramado. Su figura permite a Kicillof suavizar su imagen en la provincia y conectar con el electorado que aún responde al legado de José Manuel de la Sota.
- Puente de plata: Para el entorno de Kicillof, Natalia es la pieza que falta para completar un armado federal. Su sintonía con el bonaerense no es solo ideológica, sino táctica: le otorga al proyecto nacional una «tonada» cordobesa indispensable para perforar el techo electoral en la zona núcleo.
- Interna reactivada: La cercanía de la diputada con La Plata profundiza su distancia con Llaryora, marcando dos caminos distintos para el peronismo local: uno que busca la autonomía total y otro que apuesta por la integración en un frente nacional renovado.
3. La Falda como escenario de poder
La excusa formal fue el congreso de FATSA, pero el contenido fue netamente político. Kicillof utilizó el podio junto a Héctor Daer para mostrarse como el gestor de la resistencia al ajuste nacional, un rol que Llaryora prefiere ejercer desde la gestión institucional y no desde la trinchera sindical.
- Señales de convivencia: A pesar de las tensiones, ambos gobernadores mantienen un pacto de no agresión explícita, unidos por el reclamo común de fondos ante la Casa Rosada. Sin embargo, la competencia por el liderazgo opositor es el «elefante en la habitación» que nadie puede ignorar.
Esta visita deja claro que Córdoba ha dejado de ser un territorio prohibido para los referentes nacionales y se ha convertido en el campo de batalla donde se definirá la fisonomía del peronismo que viene. La moneda está en el aire: mientras Llaryora apuesta a un PJ federal que nazca desde las provincias, Kicillof intenta demostrar que su modelo puede cruzar la General Paz y encontrar aliados en el corazón del país. La actitud de Natalia de la Sota será, en los próximos meses, el termómetro que mida qué tan cerca —o qué tan lejos— están estos dos mundos.

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