28 mayo, 2026

Las claves del plan de Kicillof: el análisis de su estrategia para conectar con Córdoba

Córdoba representa el desafío más complejo para el peronismo con base en Buenos Aires. Con un electorado que en las últimas elecciones nacionales se volcó masivamente hacia opciones distantes del kirchnerismo, Axel Kicillof ha comenzado a ejecutar una estrategia de aproximación centrada en la gestión y el federalismo. Su próxima visita a La Falda, en el marco del congreso de FATSA junto a Héctor Daer, es el punto de partida de un esquema que busca tender puentes con el «cordobesismo» a través de puntos programáticos comunes, evitando las etiquetas ideológicas que han generado fricciones en el pasado.

El análisis de este movimiento político se sostiene sobre tres pilares fundamentales que buscan reconfigurar la relación entre el mandatario bonaerense y el segundo distrito electoral del país.

1. El método de los «Consensos Mínimos»

La propuesta de Kicillof, articulada por su ministro de Gobierno Carlos Bianco, no se basa en la imposición de liderazgos, sino en la búsqueda de coincidencias técnicas y políticas.

  • La agenda productiva: El eje central es la defensa de la infraestructura para la competitividad y el desarrollo industrial, un discurso diseñado para empatizar con el perfil empresarial y agroindustrial cordobés.
  • Federalismo fiscal: El punto de mayor sintonía con la gestión de Martín Llaryora es el reclamo compartido ante la Nación por el recorte de fondos, especialmente en lo que respecta a las cajas de jubilaciones y la obra pública paralizada.

2. Puntos de contacto: Natalia de la Sota y el PJ tradicional

El análisis del entorno de Kicillof identifica que la vía de entrada a Córdoba no es el choque, sino la integración con sectores del peronismo local que mantienen una visión nacional.

  • El rol de Natalia de la Sota: La diputada nacional es vista como una figura «imprescindible» en esta arquitectura. Su perfil representa la continuidad del peronismo social de su padre, José Manuel de la Sota, y funciona como un nexo natural para un frente que busque ser «potable» fuera de Buenos Aires.
  • Diálogo institucional: Aunque se descartan fotos de alto impacto político con el gobernador Llaryora en el corto plazo, el canal de comunicación entre La Plata y el Centro Cívico es fluido en términos de gestión, lo que permite a Kicillof mostrarse como un par institucional antes que como un referente partidario.

3. Las encrucijadas de una identidad en disputa

El gran interrogante del análisis es si Kicillof logrará separar su figura de la marca kirchnerista, que Bianco reconoce como el principal obstáculo en la provincia.

  • Cuentapropismo político: Ante la atomización del peronismo nacional, Kicillof busca consolidar su propio armado («Movimiento Derecho al Futuro») para ofrecer una alternativa que no sea percibida como una sucursal del Instituto Patria, sino como una liga de gobernadores con visión federal.
  • El factor Milei: La estrategia apuesta a que el desgaste económico del modelo libertario abra una ventana de oportunidad para que el electorado cordobés, tradicionalmente pragmático, empiece a valorar una propuesta de signo opositor que garantice previsibilidad y obra pública.

El plan de Kicillof en Córdoba no debe leerse como un lanzamiento electoral inmediato, sino como el inicio de un proceso de «desaduanamiento» político. Las claves de su éxito dependerán de la capacidad de su equipo para sostener un discurso centrado en la producción y el federalismo, evitando entrar en las internas que hoy dividen al peronismo bonaerense.

En una provincia que demanda autonomía y gestión, Kicillof intenta demostrar que puede hablar «en cordobés» sin perder su identidad, buscando que para 2027, el electorado local lo vea como un aliado estratégico para el desarrollo regional y no como un representante de intereses ajenos a la realidad mediterránea.