28 agosto, 2026

La disputa por el sur cordobés: el trasfondo de la estrategia de Llaryora para evitar fugas políticas

El gobernador Martín Llaryora desplegó una intensa agenda de gestión en el departamento Río Cuarto para fidelizar a los intendentes no peronistas. El Panal aprovecha una desaceleración en el armado provincial de La Libertad Avanza, golpeado por la coyuntura nacional, para tejer alianzas institucionales y frenar el salto de jefes comunales hacia las filas de Gabriel Bornoroni.

El contexto: la disputa por el tablero del interior cordobés

El sur de la provincia de Córdoba se ha transformado en el principal teatro de operaciones para la construcción política con vistas a los próximos turnos electorales. Tradicionalmente refractaria al peronismo cordobés en los tramos nacionales, esta región es el territorio donde La Libertad Avanza (LLA) intentaba consolidar un desembarco masivo de jefes comunales desencantados con las estructuras tradicionales. Sin embargo, en las últimas semanas el impulso libertario sufrió un marcado freno, condicionado por la marcha de la economía nacional y el impacto de los ruidos políticos en la Casa Rosada. Ante este escenario de cautela generalizada, donde los intendentes del interior dudan entre sumarse a la ola de Javier Milei o resguardar su gobernabilidad, el Poder Ejecutivo provincial aceleró su despliegue territorial para ocupar los casilleros vacíos antes de que el armado opositor logre reorganizarse.

El diagnóstico que manejan en el Centro Cívico expone que la contención de los municipios no se instrumenta desde la disputa partidaria, sino a través de la billetera de la gestión pública y la cercanía institucional. Durante su recorrida por Achiras, Las Acequias y Chucul, Llaryora explicitó un modelo de «Estado presente» que contrasta de manera directa con el ajuste fiscal de la administración nacional, financiando obras clave para comunas gobernadas por dirigentes radicales y vecinalistas. Los motivos de este despliegue radican en ofrecer previsibilidad financiera a administraciones locales asfixiadas, desactivando la foto de adhesión que Bornoroni planificaba con los mandatarios del sur. Para el oficialismo, el trasfondo de la jugada consiste en demostrar que los puentes del gobierno provincial son más eficaces para el día a día municipal que las promesas de un armado libertario en formación.

Las consecuencias de esta pulseada reconfiguran los alineamientos políticos internos y exponen las tensiones del mapa cordobés. Aunque algunos armadores netamente libertarios —como el jefe comunal de Villa El Chacay— mantienen su alineación directa con la Casa Rosada, la mayoría de los intendentes de la región prefiere el pragmatismo de la asistencia provincial antes que comprometerse con un sello que aún no define su estrategia local. El impacto definitivo de esta estrategia le permite a Llaryora amortiguar los frentes de conflicto internos y consolidar un perfil de liderazgo basado en el diálogo institucional. Al blindar el sur mediante la lógica de la gestión compartida, el Panal logra ralentizar la expansión de la estructura de LLA en la provincia, transformando la cautela de los intendentes en el principal dique de contención para preservar el control territorial del peronismo cordobés.