28 agosto, 2026

El sostén de las divisas: el agro apuntala la macroeconomía con un fuerte salto exportador en el inicio de 2026

Durante los primeros cinco meses del año, las exportaciones agroindustriales crecieron un 17,5% e inyectaron más de US$ 22.300 millones. Un informe del IERAL destaca que el motor del crecimiento fue el mayor volumen cosechado frente a precios globales deprimidos, bajo un escenario que expone marcadas asimetrías según el nivel de procesamiento industrial.

La agroindustria ha vuelto a consolidar su rol como el principal pulmón de divisas para la economía argentina, aportando un flujo de dólares clave para sostener la incipiente estabilidad cambiaria de la gestión nacional. De acuerdo con un análisis del economista jefe del IERAL de la Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón, las exportaciones del sector alcanzaron los US$ 22.394 millones durante los primeros cinco meses de 2026. Este desempeño representa un incremento interanual del 17,5% en valor, apuntalado por un crecimiento aún mayor en las cantidades despachadas, las cuales se expandieron un 18,4%. La brecha entre ambas variables confirma que el impulso exportador no respondió a un viento de cola en las cotizaciones internacionales, sino a un fuerte incremento de la oferta productiva local tras una campaña agrícola favorable.

El dinamismo del sector, sin embargo, esconde realidades sumamente heterogéneas en la canasta exportadora. El relevamiento de 52 complejos agroindustriales expone que si bien 29 de ellos lograron expandir sus despachos tanto en valor como en volumen, el análisis desagregado por productos muestra que apenas el 37% de las 173 categorías analizadas creció en ambas variables. El grueso del salto exportador estuvo concentrado en los cultivos extensivos tradicionales: las toneladas embarcadas de trigo aumentaron un 64%, las de girasol un 142%, las de sorgo un 117% y las de maíz un 12%. En todos estos casos, las mayores cantidades físicas compensaron la baja de los precios internacionales promedio por tonelada.

En contraste, otros sectores emblemáticos de la economía regional mostraron comportamientos dispares o de escaso valor agregado. En el complejo de la soja, el valor total exportado permaneció prácticamente estancado, registrándose una primarización de los despachos a través de un aumento en las ventas de grano sin procesar en detrimento del aceite de soja y subproductos industriales. Por el lado del maní, un sector clave para el interior cordobés, la caída de los precios internacionales provocó que un incremento del 30% en los volúmenes terminara con una caída del 3% en las divisas ingresadas. La ganadería vacuna operó en sentido inverso: el valor exportado trepó un 38% prácticamente con las mismas cantidades despachadas, beneficiado por una mejora de precios y una canasta más sofisticada.

La asimetría del crecimiento sectorial se hace aún más evidente al analizar el nivel de procesamiento de los embarques. Los productos primarios lideraron el dinamismo con una suba del 27,3%, seguidos por las manufacturas de primera transformación con un 11,3%, mientras que los bienes con mayor valor agregado industrial permanecieron virtualmente estancados. Para el IERAL, este sesgo primario es la respuesta natural y veloz de los cultivos extensivos a un escenario de menor presión tributaria y mayor estabilidad macroeconómica, aunque advierte que las cadenas más industrializadas —como la lechería, la forestoindustria y la ganadería— demandan inversiones de largo plazo, recomposición de rodeos y apertura de mercados para reaccionar. El desafío inmediato radica en consolidar estas bases macroeconómicas para que la tracción de los granos derrame sobre las manufacturas complejas.