La histórica movilización universitaria de este martes en Córdoba no fue solo un reclamo por fondos; fue la puesta en escena de una tregua política táctica y el despliegue de una estrategia de ocupación territorial por parte del Partido Justicialista. Bajo la premisa de que la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) es un componente innegociable de la identidad provincial, el «cordobesismo» movió a sus cuadros para evitar que la bandera de la educación pública quedara en manos del kirchnerismo o de sectores díscolos del peronismo.
El PJ en la calle: una columna con nombres propios
La presencia del oficialismo provincial fue orgánica y jerárquica. La senadora Alejandra Vigo encabezó una columna que funcionó como un «quién es quién» del llaryorismo y el viguismo: desde Ignacio García Aresca y Miguel Siciliano hasta figuras municipales como Héctor Campana y Victoria Flores.
Esta participación no es casual. El peronismo cordobés entiende que el apoyo a la universidad es el consenso social más transversal de la provincia. Al marchar, el PJ logra tres objetivos:
- Neutralizar el costo político: Se cobija en un reclamo que no es tildado de «K», lo que le permite confrontar con el ajuste de Javier Milei sin perder su esencia cordobesa.
- Disputar el liderazgo opositor: Al ganar la calle, le quita protagonismo a figuras como Natalia de la Sota, quien marchó por cuerda separada reforzando su perfil de opositora frontal a La Libertad Avanza.
- Apuntalar alianzas universitarias: El cordobesismo juega activamente por la reelección del rector Jhon Boretto, un radical que hoy se encuentra huérfano del apoyo de Rodrigo de Loredo debido a la alianza de este último con el gobierno nacional.
La incomodidad de los aliados libertarios
La marcha desnudó la encrucijada de los referentes locales de Juntos por el Cambio y La Libertad Avanza. Mientras la marea humana llegaba al Patio Olmos, el vacío de los aliados de la Casa Rosada fue estruendoso.
- Luis Juez optó por la distancia física en Buenos Aires.
- Rodrigo de Loredo justificó su ausencia por un cuadro gripal, aunque intentó un equilibrio discursivo en redes defendiendo el equilibrio fiscal y el financiamiento educativo simultáneamente.
Para el Gobierno nacional, la lectura de una «marcha opositora» choca con la realidad de una Córdoba donde el Rector Jhon Boretto caminó a metros de su competidor, Pedro Pérez. La imagen de ambos candidatos al rectorado unidos por el espanto presupuestario es la prueba de que, en la Docta, la paciencia institucional se ha agotado.
La UNC como límite del ajuste
El análisis de la jornada deja en claro que el discurso oficialista de la «auditoría» ha perdido eficacia frente a la realidad de los números: salarios de 240 mil pesos que, como denunció ADIUC, ponen en riesgo la continuidad académica. La movilización del 12 de mayo funcionó como un paréntesis en la rosca electoral, pero con un mensaje político de volumen ensordecedor: la Ley de Financiamiento Universitario es el piso mínimo de supervivencia.
El cordobesismo, con Llaryora y Schiaretti a la cabeza de la narrativa digital, ha decidido blindar la universidad más antigua del país. En este escenario, la defensa de la Casa de Trejo se convierte en la nueva frontera política: un territorio donde el ajuste de Milei no logra perforar el consenso de una sociedad que, aun habiéndolo votado masivamente, no está dispuesta a sacrificar su herramienta de desarrollo más preciada.

Más historias
Zona Fría: la trastienda de la sesión especial que Llaryora usa como escudo ante el ajuste de Milei
Efecto Belgrano campeón: cómo Córdoba consolida su modelo de gestión ante el escenario nacional
Giro en el poder del fútbol: cómo Llaryora capitalizó el «AFAgate» para llevar la final al Kempes