28 agosto, 2026

Berni: el trasfondo de las idas y vueltas del senador que recalienta la interna del PJ

El regreso de la actividad a la Legislatura bonaerense, tras casi cuatro meses de parálisis, funcionó como el escenario para la formalización de la fractura en el peronismo provincial. El violento cruce en el Senado entre el jefe de bloque Sergio Berni y la vicegobernadora Verónica Magario expuso una maniobra coordinada desde sectores del kirchnerismo duro para desgastar la proyección nacional del gobernador Axel Kicillof, utilizando las lealtades hacia Cristina Fernández de Kirchner como el principal factor de presión interna.

La parálisis legislativa en Buenos Aires no se tradujo en una tregua política. Por el contrario, la reanudación de las sesiones en la Cámara Alta desnudó que el peronismo bonaerense ingresó en una fase de disputa abierta por la conducción del espacio con miras a los próximos armados electorales. El acting de Berni en el recinto —forzando el corte de su micrófono tras cuestionar de forma elíptica el alineamiento de la Gobernación con el Instituto Patria— funciona como la punta de lanza de un operativo de pinzas: por un lado, se le exige a Kicillof un blindaje absoluto hacia la expresidenta y, por el otro, intendentes históricos de la periferia, como Mario Ishii, descargan munición gruesa contra la gestión sanitaria y alimentaria del Ejecutivo provincial.

El manual de los giros de Berni: de «romper el cordón» a exigir lealtad: La ofensiva del exministro de Seguridad pone de manifiesto la elasticidad ideológica y las contradicciones que regulan la interna oficialista:

  • El portazo previo: En 2021, Berni había ejecutado una ruidosa salida del kirchnerismo tradicional y de los sectores de La Cámpora, argumentando la necesidad histórica de «cortar el cordón umbilical» con la conducción de Máximo Kirchner.
  • El elogio reciente: En abril de 2026, el propio senador se presentó en los medios nacionales para ungir a Kicillof como el candidato natural del peronismo, afirmando que lo votaría «con los ojos cerrados» a la presidencia por poseer una doctrina clara.
  • El replanteo actual: Apenas semanas después de esa profesión de fe, Berni muta en el principal fiscal del gobernador, reprochándole en el recinto una supuesta ingratitud hacia quien «le abrió las puertas» del poder político en la provincia.

La doble vara del archivo en el ecosistema peronista: El hostigamiento hacia Kicillof por su nivel de ortodoxia interna contrasta con la benevolencia histórica que el espacio exhibió con otros dirigentes. El análisis de los antecedentes pone como ejemplo el caso de Leandro Santoro en la Ciudad de Buenos Aires: el dirigente de origen radical accedió a la candidatura principal del espacio sin que el kirchnerismo activara mecanismos de reproche por su profuso archivo de tuits donde asimilaba la arquitectura del mausoleo de Néstor Kirchner con lógicas «faraónicas». La asimetría en el trato demuestra que la exigencia de pureza discursiva contra el gobernador no responde a un debate doctrinario, sino a una estrategia política para recortar su autonomía de gestión.

El impacto en la gobernabilidad de un distrito sitiado por el ajuste: La ofensiva de pinzas se completó con la intervención de Mario Ishii, quien utilizó la sesión para denunciar el estado de desabastecimiento en los hospitales bonaerenses y la insuficiencia de las partidas alimentarias. Al sumarse el reclamo de infraestructura de los intendentes del conurbano al frente de conflicto legislativo, Kicillof se encuentra ante un laberinto de difícil resolución. El gobernador debe blindar la provincia de los brutales recortes de coparticipación aplicados por la administración central de Javier Milei y, al mismo tiempo, administrar una fuerza propia donde la discusión por el recambio de liderazgo amenaza con paralizar los instrumentos básicos de gobernabilidad a cambio de condicionar su futuro político.