28 mayo, 2026

El factor Ormuz: la trastienda militar de los ataques de CENTCOM contra las lanchas minadoras de la Guardia Revolucionaria

El frágil equilibrio en Oriente Próximo atraviesa horas críticas tras la ruptura de la calma armada en el golfo Pérsico. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán acusó formalmente a la Casa Blanca de cometer una «grave violación» del alto el fuego —vigente desde principios de abril— luego de que fuerzas militares norteamericanas ejecutaran una serie de bombardeos nocturnos sobre objetivos estratégicos en la provincia costera de Hormozgan, un enclave neurálgico lindante con el estrecho de Ormuz. La cancillería de la teocracia calificó las incursiones de «acciones ilegales e injustificadas» y advirtió que el país persa no vacilará en activar sus mecanismos de defensa.

La ofensiva fue ratificada por el Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM), que justificó el despliegue bajo el amparo de «ataques en defensa propia». Según el parte de Washington, la operación militar neutralizó posiciones terrestres de lanzamiento de misiles y embarcaciones ligeras iraníes que, de acuerdo con sus servicios de inteligencia, intentaban sembrar minas marinas para consolidar el bloqueo del tráfico comercial. No obstante el estallido en las inmediaciones de Bandar Abás, el estamento de defensa estadounidense procuró encapsular el episodio, remarcando que el incidente no implica formalmente la rescisión definitiva del armisticio generalizado.

En el tablero interno de Teherán, la escalada coincidió con la reaparición virtual del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, quien asumió la conducción tras la muerte de su padre, Ali Jamenei, acontecida en los primeros compases de la guerra el pasado mes de febrero. A través de canales oficiales de difusión, Jamenei aseveró que Washington asiste a un repliegue irreversible de su influencia histórica en el Golfo y amenazó con que las naciones vecinas dejarán de actuar como «escudos logísticos» para los emplazamientos norteamericanos. En paralelo, las fuerzas de los Guardianes de la Revolución aseguraron haber derribado un dron de vigilancia táctica MQ-9 Reaper y repelido con fuego antiaéreo la incursión de un cazabombardero furtivo F-35 de quinta generación.