Un informe de la Fundación Éforo reveló que la deuda promedio por persona saltó de $337.000 a más de un millón de pesos entre 2023 y 2026. La masificación del financiamiento alternativo mediante plataformas tecnológicas y tarjetas no bancarias para costear consumos corrientes disparó los niveles de morosidad generalizada.
El severo incremento del endeudamiento per cápita de los argentinos responde a una dinámica de inclusión financiera asimétrica, donde la expansión del acceso al crédito convive con un deterioro progresivo de la solvencia doméstica. De acuerdo con el relevamiento estructural de la Fundación Éforo, el saldo deudor promedio escaló de $337.000 a $1.044.000 entre fines de 2023 y comienzos de 2026. Los motivos de esta disparada radican en un cambio en la función del financiamiento: ante ingresos reales rezagados, un universo de 11,3 millones de personas debió recurrir de forma sistemática a los proveedores alternativos no financieros ($PNFC$) para costear consumos de la canasta básica cotidiana, transformando el crédito en un sustituto del salario corriente.
Las causas de la morosidad récord que afecta al sistema se concentran en la brecha de costos financieros que separa a la banca tradicional de los circuitos informales o virtuales. Mientras que los préstamos personales bancarios mantuvieron tasas de interés elevadas pero estables de entre el 70% y el 90% anual, las plataformas fintech y mutuales aplicaron tasas nominales promedio del 129%, un diferencial de 40 puntos que asfixió los presupuestos de los sectores de menores recursos. Este encarecimiento prohibitivo explica por qué la mora en préstamos bancarios a hogares se duplicó al saltar del 4,5% al 10,6%, mientras que el incumplimiento en las tarjetas de crédito no bancarias trepó al 14,5%, consolidando un escenario de endeudamiento inviable para las familias que refinancian saldos mes a mes.
El trasfondo de esta dualidad financiera expone un quiebre de tendencia donde las únicas variables de resiliencia real se localizan en los segmentos de ingresos altos y planificación a largo plazo. Las líneas de crédito hipotecario registraron un incremento real interanual superior al 53% a partir de 2025, sosteniendo una tasa de morosidad marginal de apenas el 1,8% gracias a las mejores expectativas macroeconómicas de los sectores bancarizados. No obstante, para la base de la pirámide social, el sobreendeudamiento con plásticos comerciales y financieras tecnológicas comenzó a tocar un techo de sostenibilidad técnica; sin una recomposición genuina del poder adquisitivo, el esquema actual amenaza con transformarse en una parálisis del consumo por saturación de los márgenes de pago familiares.

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