El informe de la consultora Scentia reveló un retroceso del 2,6% interanual en supermercados durante junio, mientras que el índice de la Universidad Di Tella se desplomó un 12,3% en julio. La pérdida del poder adquisitivo y el estancamiento de las ventas masivas encienden luces de alarma en el Gobierno.
Un entramado de datos negativos volvió a poner bajo la lupa la sustentabilidad de la recuperación económica en el consumo masivo. Según el último relevamiento de la consultora Scentia, las ventas en supermercados registraron una caída del 2,6% interanual en junio, una cifra que cobra mayor peso considerando que el mes contó con el impulso extraordinario de las promociones vinculadas al Mundial de Fútbol. El freno de la demanda afectó a casi la totalidad de los canales de venta: los supermercados mayoristas cayeron un 3,3%, los comercios de proximidad se contrajeron un 1,6% y los almacenes y kioscos lideraron la baja con un retroceso del 4,6%. Aunque el comercio electrónico creció un 41%, su escasa representación en el volumen total (menor al 5%) resultó insuficiente para revertir la tendencia negativa general.
El desglose por rubros expone un achicamiento extendido en los presupuestos familiares. A excepción del segmento de bebidas con y sin alcohol (que crecieron 9,4% y 3,5% respectivamente impulsados por los partidos de la Selección), las categorías esenciales mostraron marcadas retracciones: desayuno y merienda (-7,7%), limpieza y hogar (-6,2%), perecederos (-5,7%) e higiene y cosmética (-3,7%). Frente a la postura oficial que atribuye estas cifras a métricas tradicionales que no capturan los nuevos hábitos digitales, el relevamiento —que abarca 8.000 puntos de venta por escaneo de facturación— evidencia una debilidad estructural en el bolsillo del consumidor, en sintonía con una caída real del 3% en el salario disponible registrado durante mayo tras el pago de servicios esenciales.
El enfriamiento de las ventas físicas se trasladó de forma directa a la percepción de la población sobre el rumbo de la economía. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Torcuato Di Tella sufrió un desplome del 12,3% en julio en la comparación interanual y una baja del 4,8% respecto de junio. El deterioro de las expectativas fue especialmente pronunciado en los hogares de menores ingresos, donde la confianza cayó un 11,47%, en contraste con el leve retroceso del 1,45% en los sectores de mayores recursos. Además, el subíndice de expectativas futuras cedió un 7,19%, reflejando una creciente cautela ciudadana frente a la situación macroeconómica que amenaza con complicar el panorama político y las proyecciones de reactivación para la segunda mitad del año.

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