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Un informe de CEPA basado en registros oficiales revela el impacto de la crisis hasta abril de 2026. El comercio lidera el cierre de comercios y pymes, la industria destruyó 82.000 puestos y la construcción sufrió el mayor derrumbe porcentual.
La contracción de la actividad económica y el cambio de rumbo macroeconómico continúan erosionando de forma severa el entramado productivo y el mercado de trabajo formal en Argentina. De acuerdo con un exhaustivo relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado sobre la base de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 28.262 empleadores registrados, lo que equivale a una alarmante media de 30 empresas menos por día. En paralelo, la sangría sobre el empleo privado formal —que abarca tanto a las unidades productivas como al personal de casas particulares— alcanzó la destrucción de 369.663 puestos de trabajo netos durante los primeros 29 meses de la gestión de Javier Milei.
El mapa del desmantelamiento empresarial expone que el sector comercial ha sido el más afectado en términos absolutos, al registrar la pérdida de 7.567 empleadores. A este rubro le siguieron el transporte y almacenamiento con una baja de 6.523 firmas, los servicios inmobiliarios con 3.985, y la industria manufacturera, que anotó el cierre de 3.617 unidades fabriles. En términos relativos, las caídas más drásticas se concentraron en las actividades vinculadas al transporte (-16,5%) y el sector inmobiliario (-13,4%). El informe destaca una marcada asimetría según el tamaño de las organizaciones: las pymes de hasta 500 trabajadores concentraron el 99,77% del total de las bajas empresariales, con 28.196 firmas menos, lo que confirma que el eslabón más chico de la economía absorbió el impacto directo del cese de actividades.
Sin embargo, la dinámica se invierte al analizar de qué manera se distribuyó el desempleo y la reducción de personal. Si bien las pequeñas y medianas empresas explicaron la mayor cantidad de persianas bajas, las grandes compañías de más de 500 empleados concentraron el 68,65% de los puestos de trabajo perdidos, recortando un total de 234.354 trabajadores de sus dotaciones de personal. En términos globales, el empleo en unidades productivas sufrió una caída del 3,46%. La industria manufacturera lideró la destrucción de empleo en valores absolutos al perder 82.173 operarios, seguida muy de cerca por el achique en la administración pública y seguridad social con 76.862 bajas, y la construcción con 75.426 despidos menos, sector que además encabezó el desplome en términos porcentuales con una violenta retracción del 15,8% de su fuerza laboral formal.
La vulnerabilidad social derivada de la pérdida de poder adquisitivo en los hogares también se reflejó con nitidez en el régimen de empleo de casas particulares, un segmento sumamente elástico a los niveles de ingresos de la clase media y alta. En el período analizado, este sector experimentó una reducción de 28.267 empleadas domésticas registradas, lo que representa la destrucción de unos 35 puestos diarios. Los analistas de CEPA concluyen que este escenario de ajuste laboral persistente responde a la drástica caída del consumo interno, la parálisis de la inversión en sectores tradicionales y los cambios estructurales de la política económica, factores que consolidaron una pérdida promedio de 420 empleos registrados por cada jornada transcurrida.

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