El Concejo Deliberante comenzó el tratamiento de cinco iniciativas orientadas a endurecer la supervisión de los agentes municipales. La permanencia de Claudio Barrelier dentro de la estructura pública, sumada a la desarticulación de alertas ante su detención, forzó al oficialismo y a la oposición a consensuar reformas administrativas de fondo.
La reactivación de las comisiones del cuerpo deliberativo capitalino responde a un intento urgente de reparación institucional tras las severas fallas de control expuestas por el femicidio de la menor. La revelación de que el principal imputado, Claudio Barrelier, formaba parte de los cuadros de la administración municipal a pesar de contar con un prontuario judicial reciente obligó a reescribir las reglas de contratación estatal. Los motivos de este viraje legislativo radican en la necesidad de obturar los vacíos administrativos que permitieron no solo la incorporación del sospechoso, sino también un hecho insólito: el acusado permaneció detenido durante casi tres semanas sin que las oficinas de recursos humanos detectaran la inasistencia ni los motivos del arresto.
Las causas de la discusión en la Comisión de Legislación General giran en torno a la profundidad que adoptarán los nuevos filtros de idoneidad y conducta. El proyecto enviado por el intendente Daniel Passerini busca modificar el Estatuto del Personal Municipal para exigir la presentación periódica de antecedentes penales, certificados del Registro de Delitos contra la Integridad Sexual y constancias de deudores alimentarios. Sin embargo, el nudo del debate técnico radica en la propuesta de la oposición de extender estos requisitos obligatorios a los esquemas de precarización encubierta, como las figuras de monotributistas y becarios, un universo que hoy elude las auditorías tradicionales del Estado local.
El trasfondo de esta reconfiguración legislativa expone cómo el patronazgo político y el tráfico de influencias comenzaron a pagar un costo de deslegitimación irreversible en Córdoba. El repudio unánime del Concejo Deliberante hacia el exconcejal justicialista Ricardo Moreno —quien admitió haber recomendado a Barrelier para su ingreso y luego ejerció como su abogado defensor— marca un punto de inflexión en las reglas no escritas de la política territorial. Mientras el Ejecutivo provincial y el municipal buscan desmantelar el entramado de punteros y agilizar el cruce de datos con la policía y la justicia para evitar el papeleo burocrático, la Unicameral y el Concejo operan bajo la presión de una sociedad que ya no tolera que el Estado funcione como un refugio de la marginalidad delictiva.

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