28 agosto, 2026

Falleció el Indio Solari: el impacto cultural de un mito del rock argentino

El legendario exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció a los 77 años en su residencia de Parque Leloir. Su deceso, marcado por el avance del mal de Parkinson que padecía públicamente desde 2016, provocó una inmediata conmoción social y reavivó el debate sobre su monumental legado contracultural.

La desaparición física de Carlos Alberto «El Indio» Solari este 5 de junio representa un quiebre definitivo para la cultura popular contemporánea. El deceso se produjo en su quinta del partido de Ituzaingó, donde el músico permanecía recluido debido a las severas limitaciones motoras que le imponía su cuadro de salud. Los motivos de la profunda consternación colectiva radican en el rol casi místico que el cantante ejerció sobre múltiples generaciones de argentinos, transformando sus composiciones en crónicas de resistencia social. Su figura se consolidó a través de un estricto dogma de independencia artística y un deliberado bajo perfil mediático, elementos que agigantaron el magnetismo de las denominadas «misas ricoteras», los mayores fenómenos de convocatoria de masas en la historia del espectáculo latinoamericano.

Las causas de su retiro definitivo de las tablas en 2017 y su posterior refugio en los formatos virtuales e interactivos obedecieron estrictamente al avance de su patología neurodegenerativa. Desde que en 2016 revelara ante una multitud en Tandil que el «míster Parkinson» le pisaba los talones, Solari integró la enfermedad a su narrativa pública con descarnada lucidez. El progresivo deterioro físico lo obligó a abandonar el contacto directo con el público tras el trágico show de Olavarría en 2017, forzando una mutación creativa hacia el trabajo de estudio junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y el uso de tecnologías de vanguardia, como proyecciones holográficas, para seguir interviniendo en la escena musical sin exponer las dolencias propias de su cuadro clínico.

La muerte del cofundador de Los Redondos clausura un capítulo central de la identidad rockera nacional y activa los protocolos judiciales de rigor, ordenándose una autopsia para ratificar las causales naturales del fallecimiento debido a su condición de paciente de riesgo. Su última conexión institucional se había registrado en enero pasado, al aceptar de manera remota el Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad de Buenos Aires ($UBA$), una de las escasas distinciones formales que validó en su carrera. Al apagarse la voz de himnos como Oktubre o Juguetes perdidos, las expresiones de duelo en el arco político, artístico y civil confirman que el fenómeno de Solari trasciende la industria discográfica para consolidarse como el último gran mito viviente de la contracultura argentina.