Con la mira puesta en la supervivencia territorial y la proyección nacional, el gobernador Martín Llaryora reunió a la tropa de 230 intendentes y jefes comunales para bajar una orden clara: «raspar» la gestión de Javier Milei en cada rincón de la provincia. En un escenario donde el oficialismo nacional busca cambiar las reglas del juego con una reforma electoral de fondo, el «Partido Cordobés» comienza a blindar sus fronteras y a diseñar una estrategia de tres vías para no quedar atrapado en la polarización extrema.
La masiva convocatoria en el Centro Cívico no fue solo una muestra de músculo político; fue el lanzamiento de una contraofensiva. Llaryora entiende que el apoyo ciego que Milei cosecha en Córdoba es un préstamo con fecha de vencimiento, y su plan es acelerar ese desgaste señalando las asimetrías de un ajuste que, según el Panal, castiga a las intendencias mientras la Nación retiene recursos clave.
1. El «Plan Raspar»: Descentralizar la crítica
La estrategia comunicacional y política que Llaryora bajó a los intendentes tiene un objetivo táctico: que la queja por el ajuste no muera en la Capital, sino que nazca en el territorio.
- El intendente como escudo: Se busca que los jefes comunales sean quienes pongan voz al impacto de la quita de subsidios, el freno a la obra pública y el desfinanciamiento de programas sociales.
- Diferenciación de gestión: El discurso oficialista cordobés ahora se centra en mostrar que, mientras la Nación «destruye», la Provincia «contiene». Es la narrativa de la «gestión que hace» frente al «ajuste que solo recorta».
- Blindaje territorial: Alinear a 230 intendentes —muchos de ellos de signos políticos diversos incorporados al esquema de Hacemos— busca evitar fugas hacia un «peronismo libertario» o hacia las filas directas de La Libertad Avanza.
2. El laberinto de la Reforma Electoral
El otro frente de batalla se libra en los papeles. El proyecto de reforma electoral de Milei, que incluye la eliminación de las PASO y la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP) a nivel nacional, obliga a Llaryora a elegir entre tres caminos de alto riesgo:
- Adhesión Total: Sincronizar el sistema cordobés con el nacional. El riesgo es que la marca Milei «arrastre» a los candidatos locales si las elecciones coinciden.
- Autonomía Absoluta: Mantener el calendario separado y el sistema de Boleta Única Cordobesa. Esto protege el territorio pero implica un costo político de «aislamiento» frente a una tendencia nacional de simplificación.
- El Camino Intermedio: Negociar puntos específicos de la reforma en el Congreso para diluir el impacto del arrastre nacional, manteniendo la identidad del «Partido Cordobés» como una alternativa federal que no es ni kirchnerista ni libertaria.
3. La mirada en 2027: ¿Gestión o Resistencia?
Llaryora está jugando una partida doble:
- Hacia adentro: Debe garantizar que la provincia no entre en recesión profunda para mantener su base electoral.
- Hacia afuera: Necesita que Córdoba siga siendo la «isla» de equilibrio fiscal con rostro social para presentarse en 2027 como la alternativa de gobernabilidad nacional.
Escenarios: El riesgo de la polarización
El mayor desafío para el gobernador es que la sociedad cordobesa, históricamente antikirchnerista, decida que «el cambio» sigue siendo Milei a pesar de los roces de gestión. El «Plan Raspar» corre el riesgo de ser interpretado como un obstáculo para el presidente si no se calibra con extrema precisión. Por ahora, Llaryora ha decidido que el silencio ya no es negocio y que el 2027 se empieza a ganar —o a perder— hoy, en la oficina de cada intendente del interior.

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