En un año marcado por la caída de los ingresos reales y la quita de transferencias nacionales, Córdoba ha logrado sostenerse en el selecto grupo de provincias con superávit fiscal. Junto a San Juan, Formosa, Jujuy, Neuquén, Tucumán y Santiago del Estero, la provincia exhibe un equilibrio en sus cuentas que la gestión de Martín Llaryora define como un «superávit con rostro social». Sin embargo, esta solvencia técnica se ha convertido en el principal campo de batalla político: mientras el Gobierno provincial lo utiliza para diferenciarse de la Nación, la oposición local cuestiona la sostenibilidad de estas cifras frente a la presión impositiva y el estado de los servicios.
El análisis de los números revela que el saldo positivo de Córdoba es producto de una combinación de administración austera de los gastos corrientes y una estructura de ingresos que, aunque golpeada por la recesión, sigue siendo de las más robustas del país. Mantener el superávit en un contexto donde la mayoría de las provincias pasaron de saldos positivos a rojos profundos en menos de doce meses evidencia una capacidad de maniobra que el Panal busca blindar para evitar el condicionamiento político de Buenos Aires.
1. Las causas del equilibrio: entre la poda y la recaudación
Para entender cómo Córdoba mantiene el «verde» fiscal cuando el entorno es recesivo, hay que mirar los pilares de su estructura financiera:
- Autonomía hídrica y energética: Los recursos propios y la gestión de empresas públicas con balances saneados permiten a la provincia tener un piso de ingresos que no depende exclusivamente de la coparticipación.
- Control del gasto corriente: La administración provincial ha aplicado un esquema de contención en las partidas de funcionamiento estatal, priorizando el pago de salarios y la atención primaria, pero limitando drásticamente el crecimiento de la burocracia.
- Sostenimiento de la inversión: A diferencia del modelo nacional de «obra cero», Córdoba utiliza su margen fiscal para mantener activos planes de infraestructura y programas sociales, argumentando que el equilibrio fiscal sin inversión es solo una «metodología de recorte».
2. El factor político: el superávit como herramienta de contraste
Miguel Siciliano y otros voceros del oficialismo han salido a defender estas cifras frente a los embates de la oposición. El argumento central es que el superávit cordobés permite la ejecución de políticas que la Nación ha abandonado.
- Críticas a la Nación: Llaryora utiliza el superávit para cuestionar el modelo de ajuste «ciego». El gobernador sostiene que Córdoba demuestra que se puede tener equilibrio fiscal sin detener el progreso ni abandonar la contención social.
- La mirada de la oposición: Desde los sectores opositores se señala que el superávit se logra a costa de una alta presión tributaria sobre el sector productivo y de un deterioro en áreas críticas como la seguridad y la salud, donde los reclamos por falta de insumos y personal son constantes.
3. Consecuencias: de la solvencia a la vulnerabilidad futura
El análisis económico advierte que este superávit no está exento de riesgos. La caída sostenida en la recaudación de impuestos vinculados al consumo (como Ingresos Brutos) y la incertidumbre sobre los envíos automáticos de la Nación podrían erosionar el margen cordobés en el segundo semestre.
- Riesgo de insolvencia regional: Córdoba es una «isla» en un mar de provincias deficitarias. Esto genera una presión extra: la provincia debe asistir a municipios que están al borde del colapso financiero debido a la desaparición del Fondo Compensador y otros subsidios nacionales.
- El desafío de la deuda: Gran parte de la deuda provincial está nominada en moneda extranjera. El superávit fiscal debe ser lo suficientemente amplio como para cubrir no solo los gastos corrientes y de capital, sino también los compromisos financieros internacionales en un mercado de cambios volátil.
Escenarios: el equilibrio como defensa
El escenario proyectado muestra que Córdoba seguirá apostando a su «modelo de gestión» como principal activo político para 2027. La capacidad de mostrar un estado ordenado en medio del caos nacional es la carta que Llaryora juega para proyectarse. No obstante, el desafío será transformar ese superávit contable en una mejora real de los indicadores sociales, evitando que el equilibrio fiscal se convierta en un fin en sí mismo mientras el tejido productivo y social de los barrios cordobeses siente el impacto de la recesión nacional.

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