Impulsadas por la cadena agroindustrial, el boom de combustibles y la mejora de los precios internacionales, las exportaciones crecieron un 24,4% interanual. El superávit comercial tocó un máximo inédito de US$ 13.923 millones, pese a una contracción en las importaciones asociada a la parálisis de la actividad interna.
El comercio exterior argentino registró un desempeño sin antecedentes durante la primera mitad de 2026. Según datos oficiales, las exportaciones del país treparon un 24,4% interanual durante el primer semestre para situarse en US$ 49.454 millones, superando la marca histórica previa del mismo período de 2022 (US$ 44.377 millones). El saldo comercial resultante arrojó un superávit récord de US$ 13.923 millones, consolidando un sendero de entrada de divisas clave para la estabilidad del marco macroeconómico. La concentración del intercambio se mantuvo alineada con los socios habituales: Brasil, China, Estados Unidos, Chile e India absorbieron en conjunto el 45% de los despachos argentinos.
El dinamismo exportador mostró incrementos transversales en todos los grandes rubros, destacándose las manufacturas de origen agropecuario (MOA) como la principal fuente de divisas con US$ 15.819 millones. En términos de crecimiento relativo, el sector de combustibles y energía lideró los avances con un salto del 42,5%, traccionado por la producción de hidrocarburos y aceites de petróleo. Entre los productos con mayor tracción hacia los mercados internacionales se ubicaron el complejo sojero, el maíz, los vehículos automotores y los minerales auríferos, favorecidos por mayores volúmenes enviados y condiciones de precios internacionales favorables.
En el extremo opuesto de la balanza, las importaciones acumuladas en el semestre descendieron un 3,9% interanual hasta los US$ 35.531 millones, un reflejo directo del menor dinamismo en la actividad económica y el consumo doméstico. La retracción afectó principalmente a las compras de bienes intermedios y bienes de capital, que cayeron un 7,2% (US$ 6.799 millones), lo que enciende señales de alerta sobre el ritmo de la inversión productiva. No obstante, las estadísticas de junio mostraron un cambio de sesgo con un repunte interanual del 7,3% en las importaciones, empujado por un máximo histórico en la compra de bienes de consumo (US$ 5.362 millones en el acumulado), en línea con la política oficial de apertura y fomento a la competencia.
El volumen de divisas generado reabrió el debate técnico sobre la competitividad de la economía. Analistas como Marcelo Elizondo, presidente de la International Chamber of Commerce (ICC) en Argentina, ponderaron que el sostenido avance de las manufacturas de origen industrial (MOI) pone en duda las advertencias respecto a un atraso cambiario, atribuyendo el hito a la estabilidad del dólar, la reducción de la brecha, las desregulaciones y la quita parcial de retenciones. De mantenerse este ritmo en el segundo semestre, las ventas al exterior podrían rozar los US$ 100.000 millones a fin de año, permitiendo que la participación argentina en el comercio mundial supere el 0,35% tras una década de estancamiento.

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