28 agosto, 2026

La economía dual de Milei: el modelo primarizado que estabiliza la inflación pero apaga la industria

Un análisis de Guido Zack para Fundar enciende las alarmas sobre el impacto estructural del plan económico. El agro y la minería sostienen el PBI, pero el atraso cambiario y la falta de reformas de fondo provocan un histórico desarme de pymes y empleo de calidad.

Los últimos indicadores oficiales exponen una profunda fractura en la estructura productiva argentina. Según se desprende del último informe de actividad del INDEC, el Plan de Estabilización implementado por la gestión de Javier Milei ha configurado una economía partida en dos velocidades: por un lado, los sectores vinculados a los recursos naturales como la minería y el agro registran fuertes incrementos interanuales; por el otro, la industria manufacturera, el comercio y la construcción profundizan su tendencia contractiva, arrastrando las variables sociolaborales del mercado interno. El dilema central radica en que las actividades que empujan el crecimiento son de capital intensivo pero generan escaso empleo, mientras que los sectores que se apagan representan a los grandes empleadores del entramado laboral.

Esta asimetría sectorial se traslada de manera directa al mercado de trabajo formal, donde el ajuste no se manifiesta principalmente en la tasa de desocupación —que se ubicó en el 7,8%— sino en una marcada precarización de las condiciones laborales. En el último año, los grandes centros urbanos sufrieron la pérdida neta de 100.000 puestos asalariados formales, un vacío que fue absorbido por el cuentapropismo precario e informal, cuya tasa ya alcanza un histórico 44,2%. Detrás de este fenómeno opera una destrucción estructural del tejido empresarial: los registros del Monitor Mensual de Empresas de Fundar confirman que entre noviembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 28.262 empresas empleadoras, una velocidad de cierre de pymes sin precedentes en el último cuarto de siglo, motivada por la imposibilidad de competir frente a los productos importados en un contexto de costos internos en alza.

El factor determinante de esta anomalía radica en la persistencia del atraso cambiario. Al utilizar el tipo de cambio como ancla principal para desacelerar la inflación, el valor del dólar multilateral retrocedió a niveles de competitividad similares a la década de los noventa. Producir en Argentina, medido en moneda extranjera, se ha vuelto sumamente costoso debido a tres factores estructurales que el Ejecutivo aún no ha modificado: una carga tributaria distorsiva que penaliza la facturación en cascada, un colapso de la inversión pública en infraestructura que encarece los fletes y la logística, y un sistema financiero donde el crédito no se destina a la inversión productiva sino al financiamiento de corto plazo para la supervivencia de las firmas.

La experiencia histórica internacional, reflejada en los exitosos planes de estabilización de Israel, Perú o Brasil durante las últimas décadas, demuestra que los procesos de desinflación sustentables se iniciaron con un tipo de cambio real alto y competitivo acompañado de reformas estructurales previas. Al invertir el orden de los factores y priorizar la apreciación cambiaria sin corregir los costos internos, la actual administración enfrenta el riesgo de alcanzar la estabilidad de precios a costa del desmantelamiento de su base industrial, configurando un escenario donde los dólares de Vaca Muerta y la minería resulten suficientes para sostener la balanza de pagos, pero dejen a media Argentina fuera del esquema productivo.