28 agosto, 2026

Por qué el boom del agro, la energía y la minería no altera la crisis del mercado interno

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta un ingreso histórico de USD 57.200 millones para 2026 impulsado por Vaca Muerta y el litio. El cambio estructural logra romper la estacionalidad cambiaria en el segundo semestre, pero consolida un modelo dual disociado del empleo urbano y las pymes.

El frente cambiario argentino se encamina a registrar un hito estadístico que modifica una de sus restricciones macroeconómicas más recurrentes. Según un estudio consolidado de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el denominado «tridente ofensivo» de la economía —integrado por el sector agroindustrial, la energía y la minería— proyecta liquidar un récord histórico de USD 57.168 millones durante 2026. Esta cifra no solo supera los máximos de la serie alcanzados en 2022 bajo el impacto excepcional de precios por la guerra en Ucrania, sino que inyectará casi USD 7.000 millones adicionales respecto al año previo. El salto cualitativo radica en la alteración de los ciclos históricos de Stop & Go: por primera vez, el flujo de dólares del segundo semestre (USD 29.793 millones) superará al del primero, rompiendo la estacionalidad cambiaria gracias a la regularidad de los sectores extractivos no dependientes del calendario agrícola.

El gran motor de esta transformación estructural se localiza en la formación neuquina de Vaca Muerta y el despegue de la actividad minera. El complejo energético proyecta exportaciones de combustibles por encima de los USD 14.400 millones para el cierre del año, apuntalado por un crecimiento del 16% en la producción de crudo que quebrará el récord histórico vigente desde 1998. Con importaciones en mínimos de dos décadas y el próximo ingreso operativo del oleoducto VMOS, la balanza energética consolidará un superávit inédito superior a los USD 12.000 millones. Por su parte, la minería registrará un nuevo techo anual de USD 9.000 millones en ventas externas, traccionada por el incremento de volúmenes en el complejo del litio y la mejora internacional de precios del oro y la plata, pasando a explicar más del 10% de las exportaciones totales del país con un comportamiento como aportante neto de divisas.

En tanto, el sector agroindustrial se mantiene como el principal contribuyente en términos absolutos, con una liquidación anual estimada en USD 34.897 millones. Aunque la previsión original sufrió un recorte de USD 1.200 millones debido a la caída de los precios internacionales de los granos, el flujo comercial logró normalizarse tras las distorsiones impositivas y de prefinanciación heredadas de la campaña anterior. La acumulación de reservas en silobolsas y el fin del endeudamiento comercial por anticipos completan el cuadro de solidez que exhiben las cuentas externas de la administración de Javier Milei, garantizando un abastecimiento de divisas comerciales sostenido incluso durante el último trimestre del año, período que tradicionalmente sufría el enfriamiento y desplome de la oferta de dólares.

Sin embargo, el fenómeno técnico descripto por la BCR expone con nitidez las contradicciones de la denominada «economía dual». Mientras el superavitario tridente de recursos naturales provee las divisas necesarias para estabilizar las variables financieras del Banco Central, su dinámica opera de manera disociada de la realidad del consumo y el empleo de los grandes conglomerados urbanos. Al ser actividades de capital intensivo, el agro, el petróleo y la minería muestran una baja elasticidad para absorber mano de obra directa, en un contexto donde el tejido industrial manufacturero y el comercio pyme —los principales empleadores registrados del país— enfrentan tasas de capacidad ociosa superiores al 41% y destrucción de puestos laborales debido al atraso cambiario y la persistente caída de la demanda interna.