28 mayo, 2026

La trampa del cuentapropismo: por qué 1 de cada 4 cordobeses vive en la economía popular

El mercado laboral cordobés atraviesa una metamorfosis silenciosa pero irreversible. Lo que antes se consideraba «marginal» o una situación transitoria de desempleo, hoy es un estado persistente que define la vida del 27% de la población económicamente activa de la provincia. En un reciente conversatorio en el Palacio Ferreyra, especialistas en economía, antropología y sociología advirtieron que la informalidad en Córdoba no es un «trámite» hacia el empleo en blanco, sino una estructura consolidada donde el «cuentapropismo de subsistencia» se ha convertido en la principal red de reproducción social ante la fragmentación del empleo tradicional.

El estudio presentado por Julieta Quirós, Alejandra Cristina y Gonzalo Assusa revela que el crecimiento de este sector no es casual: en los últimos 15 años, el cuentapropismo de baja calificación —el escalafón más frágil del sistema— creció un 72% en Argentina, con un impacto directo en el tejido social de Córdoba.

1. La nueva cara del trabajo: Autogestión del Siglo XXI

El informe rompe con la idea de que el trabajador informal es únicamente quien vende en una feria. La economía popular en Córdoba es un ecosistema poroso y dinámico:

  • Diversidad de oficios: Desde la manufactura textil artesanal y la herrería, hasta servicios profesionales de reciclado y estética domiciliaria.
  • La paradoja de la productividad: Mientras la digitalización y la Inteligencia Artificial aumentan la producción global, en la base de la pirámide esto se traduce en una mayor fragmentación del empleo. El trabajador ya no busca un «puesto», sino que «inventa» su propia jornada.
  • Pluriactividad como regla: El 60% de estos trabajadores son pluriactivos. No tienen un solo trabajo, sino que combinan dos o más actividades por cuenta propia para llegar a fin de mes, borrando la frontera entre el tiempo de vida y el tiempo de trabajo.

2. El sesgo de género y la división sexual del valor

El análisis sociológico de Gonzalo Assusa puso el foco en una deuda histórica del mercado laboral cordobés: la invisibilización del valor producido por mujeres.

  • Economía vs. Trabajo: En el sector informal, persiste una división donde los varones son vistos como «productores económicos» mientras que las mujeres, mayoritarias en el servicio doméstico y tareas de cuidado, son relegadas a la categoría de «trabajo de reproducción».
  • Lucha por el reconocimiento: El desafío de la economía popular hoy es que esas tareas globales que permiten la vida (limpiar, cocinar, cuidar) sean reconocidas como generadoras de valor real y, por ende, tengan un correlato en ingresos dignos y protección social.

3. ¿Trampa estructural o forma de vida?

El equipo multidisciplinario planteó una pregunta incómoda para la política pública: ¿El problema es la falta de capacitación o un sistema que ya no puede absorber más empleo formal?

  • Sostén social: Los trabajadores de la economía popular en Córdoba sostienen al 37% de la población total. Son el motor que evita un colapso social mayor, funcionando como una red de contención que el Estado no alcanza a cubrir.
  • Crisis de identidad: A diferencia de la marginalidad de los años 70 u 80, este nuevo sector tiene identidad propia y busca sindicalizarse para acceder a derechos básicos. El 60% de los argentinos hoy no trabaja de lo que estudió, lo que refleja un descalce profundo entre la formación y las oportunidades reales que ofrece el mercado.

Conclusión: El fin del empleo «para toda la vida»

El análisis presentado en el Museo Evita deja una certeza: Córdoba ya no volverá al modelo salarial del siglo XX. La economía popular no es una «fase», es el nuevo corazón del mercado laboral local.

El desenlace de este fenómeno dependerá de si el Estado logra diseñar políticas que no solo busquen «formalizar» (un trámite que muchas veces resulta imposible para quien vive al día), sino que reconozcan y protejan la productividad de esos miles de cordobeses que hoy se autogestionan por fuera del sistema. El riesgo de no hacerlo es profundizar una «trampa estructural» donde el esfuerzo diario solo alcance para la subsistencia, eliminando cualquier posibilidad de ahorro o movilidad social.