28 mayo, 2026

La paradoja del superávit cordobés: ajuste salarial y pericia contable para resistir el «efecto Milei»

En un escenario de mayo de 2026 marcado por la recesión profunda y la poda de fondos nacionales, la Municipalidad de Córdoba ha logrado una carambola financiera: cerrar el primer cuatrimestre con un superávit operativo del 15%. Sin embargo, este resultado no es producto de una economía boyante, sino de un ajuste pragmático y silencioso que tiene como principales variables de ajuste a los salarios públicos y a la renegociación de contratos, en un intento por blindar la asistencia social.

Las tres claves del «ahorro» municipal

El análisis de la ejecución presupuestaria revela que el equilibrio de Daniel Passerini se sostiene sobre tres pilares de hierro:

  • El salario como ancla fiscal: La planta de personal registró una caída real del 7% frente a la inflación. En términos nominales, los sueldos crecieron apenas un 22,9% respecto a 2025, una cifra que queda muy por debajo del índice de precios. Aquí reside el núcleo del superávit: la gestión de Passerini ha logrado que el costo burocrático se licue, pateando la discusión paritaria con Rubén Daniele (SUOEM) para después del aguinaldo, una maniobra que le da oxígeno financiero inmediato a costa de una tensión gremial latente.
  • Contención del gasto total: El gasto global del municipio cayó un 4,46% en términos reales. Esto se logró mediante una revisión exhaustiva de contratos y una reducción en los subsidios al transporte, obligando al sistema a ser más «autosustentable» en un contexto donde la Nación cortó los chorros de financiamiento.
  • Prioridad de la deuda: El superávit no será destinado a grandes obras, sino a cumplir con los compromisos financieros. La «abultada deuda en dólares» y los vencimientos de letras en pesos son la prioridad para mantener el crédito municipal y no caer en default técnico en medio de la crisis nacional.

El «gasto social» como frontera política

Lo que diferencia el ajuste de Passerini del «plan motosierra» de Javier Milei es la dirección de los recursos remanentes. Mientras se ajusta en sueldos y subsidios estructurales, el municipio ha tenido que absorber un incremento del 37% en la demanda del sistema de salud.

El Palacio 6 de Julio se ha convertido en el parachoques de la crisis: más personas en situación de calle y familias que migran de la medicina privada a los centros de salud municipales. El superávit, entonces, funciona como un fondo de reserva para la paz social. Passerini defiende estos números no como un fin en sí mismo, sino como la garantía de que el municipio puede seguir asistiendo en salud mental, adicciones y comedores sin que la caja estalle.

Un equilibrio de cristalería

El superávit de Córdoba es, en esencia, un superávit de resistencia. Es la respuesta técnica de un intendente que critica duramente la macroeconomía nacional pero que, para sobrevivir, aplica una disciplina fiscal quirúrgica. El desafío de Passerini para el resto de 2026 será sostener este «orden» sin que el conflicto con los gremios o el deterioro de los servicios por la caída de ingresos terminen erosionando su capital político. Por ahora, el municipio demuestra que se puede tener «las cuentas ordenadas» incluso cuando el bolsillo del vecino —y el del empleado municipal— está en su punto más bajo.