Hogares jóvenes, con alta calificación universitaria e integrados predominantemente por mujeres como sostenes de hogar se enfrentan al espejismo del ascenso social. Entre el pluriempleo, la captura del ingreso por el mercado inmobiliario y el uso del crédito para consumo básico, una investigación de la Universidad Nacional de Córdoba expone una reconfiguración de la desigualdad que trasciende las métricas tradicionales de desempleo.
En la sociología económica del Gran Córdoba, las crisis solían medirse a través del desempleo abierto, la paralización de la industria automotriz o las protestas en la vía pública. Sin embargo, un informe de avance elaborado por el Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) —bajo la dirección de Héctor Mansilla y la codirección de Gonzalo Assusa— revela un fenómeno más silencioso pero profundamente transformador: la «crisis de reproducción social».
A partir del procesamiento analítico de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el estudio constata que los mecanismos históricos de movilidad social ascendente en la provincia —fundamentalmente la obtención de títulos universitarios y la inserción en el mercado formal— han dejado de garantizar estabilidad económica o acceso al patrimonio.
La «Clase Media B»: alta calificación, desvalorización de títulos y sesgo de género
El mapa social elaborado por el equipo de la UNC segmenta la estructura del Gran Córdoba en cinco posiciones (Clase Media A, Clase Media B, Clase Trabajadora, Precariado A y Precariado B). Es dentro de la Clase Media B —que representa al 10% de los hogares— donde se concentran de forma paradigmática las tensiones del modelo socioeconómico contemporáneo.
Este sector se caracteriza por estar integrado por sostenes de hogar mayoritariamente jóvenes, con una destacada presencia de mujeres como principales proveedoras de ingresos. Pese a que el 69% de estos hogares cuenta con estudios superiores o universitarios completos (un nivel de titulación incluso superior al de la Clase Media A), ese capital cultural atraviesa un acelerado proceso de desvalorización en el mercado laboral. La promesa del mérito educativo choca contra remuneraciones reales que no logran cubrir el costo de vida ni permiten la acumulación patrimonial.
Pluriempleo y la trampa del «doble trabajo»
A diferencia de las crisis clásicas, el Gran Córdoba presenta tasas de desempleo moderadas (entre el 6,4% y el 7,9%). La estrategia de supervivencia de la Clase Media B no pasa por la búsqueda de empleo, sino por la intensificación dramática de la jornada laboral:
- Pluriempleo récord: El 27% de los principales sostenes de hogar de la Clase Media B tiene dos o más trabajos, superando con creces a la Clase Media A (12%) y encabezando el registro de toda la estructura social.
- El «doble trabajo» de la gestión financiera: Los investigadores introducen la noción de una doble carga operativa. Por un lado, la sobreexplotación física de la fuerza de trabajo para generar liquidez; por el otro, la administración cotidiana de la liquidez mediante el cálculo constante de promociones, vencimientos, cuotas e intereses para contrarrestar la erosión inflacionaria.
El mercado inmobiliario como transferencia regresiva intergeneracional
El acceso a la vivienda actúa como la principal frontera divisoria entre los sectores medios consolidados y esta nueva clase media acorralada:
- Mientras el 72% de la Clase Media A es propietaria plena de su vivienda, en la Clase Media B el 61% alquila y apenas un 27% posee inmueble propio.
El informe advierte que el mercado de alquileres opera en la práctica como un mecanismo de redistribución regresiva del ingreso. La renta inmobiliaria transfiere de forma sistemática recursos desde los hogares jóvenes hipercalificados hacia sectores de mayor edad acumuladores de patrimonio, impidiendo que los inquilinos generen capacidad de ahorro autónomo.
Financiarización de la subsistencia: la apropiación desigual del crédito
El estudio profundiza sobre el proceso de financiarización de la vida cotidiana. La utilización del crédito o de los ahorros ya no responde a decisiones de inversión o consumo duradero, sino al financiamiento del gasto corriente e insumos básicos:
- Erosión de ahorros: El 55% de los hogares de la Clase Media B tuvo que desahorrar para pagar gastos de subsistencia.
- Consumo endeudado: El 74% recurrió a la compra en cuotas o al fiado (a nivel general en la sociedad cordobesa, la compra en cuotas pasó del 32,1% en 2004 al 61,9% en 2025).
- Estrategias de liquidez extrema: El 30% solicitó préstamos informalizados a familiares o amigos, mientras que el 18% vendió bienes personales para llegar a fin de mes.
La investigación concluye en el concepto de la «apropiación desigual de las finanzas»: mientras las posiciones acomodadas utilizan la herramienta crediticia para valorizar activos o adquirir bienes durables, la nueva clase media profesional utiliza la deuda como un paliativo para la compra de alimentos, el pago de servicios y el sostenimiento del alquiler, ingresando en un bucle de presión financiera permanente.

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