A los 68 años y tras batallar contra una enfermedad irreversible, falleció en Rosario el padre, representante y mentor del capitán argentino. Su figura no solo fue determinante para viabilizar el tratamiento de crecimiento de Lionel y su desembarco en el FC Barcelona, sino que resultó decisiva para garantizar su lealtad a la Selección Argentina y erigir una de las estructuras empresariales más sólidas del deporte contemporáneo.
La historia de Lionel Messi no se explica únicamente por su genialidad sobre el césped; se comprende también a través del hermetismo, la tenacidad y la visión táctica con la que Jorge Horacio Messi gestionó la carrera de su hijo desde las canchas de tierra de Rosario hasta la cima del deporte global. Su fallecimiento en su ciudad natal marca el cierre de una era para el círculo íntimo del capitán argentino y para el entramado económico que rodea al futbolista más determinante de la era moderna.
Exempleado de la metalúrgica Acindar, Jorge Messi asumió tempranamente una función para la que no existían manuales: convertirse en el escudo, mentor y único gestor de un prodigio infantil cuya continuidad en el fútbol estuvo condicionada por un costoso déficit de hormona de crecimiento. Frente a la negativa o imposibilidad de las dirigencias locales de financiar el tratamiento, su determinación de emigrar a Cataluña a fines de la década de 1990 cambió de forma definitiva la geografía del fútbol internacional.
La geopolítica del «10»: el veto a España y la lealtad a la AFA
Uno de los capítulos más trascendentes en la trayectoria de Jorge Messi fue su intervención directa para evitar que la Real Federación Española de Fútbol nacionalizara a Lionel. A comienzos de los años 2000, con el delantero ya instalado y descollando en La Masía, los ojeadores del seleccionado español intentaron tentarlo para vestir la camiseta Roja.
Sin embargo, Jorge mantuvo la paciencia y exigió la intervención de la Asociación del Fútbol Argentino. Aquella histórica llamada a un teléfono fijo entablada con la AFA —propiciada bajo la gestión de Julio Grondona— selló el destino internacional de Lionel. La respuesta de Jorge a los dirigentes de la época sintetizó su temperamento: «Era hora de que lo llamaran». A partir de allí, se organizó aquel recordado amistoso sub-20 en la cancha de Argentinos Juniors para blindar al rosarino bajo los colores albicelestes.
El modelo «CEO familiar»: blindaje, emporio e intimidad
A diferencia de las estrellas globales que delegaron sus activos en agencias internacionales de representación, Lionel confió la totalidad de su carrera a la figura de su padre. Jorge funcionó como un CEO de máxima cercanía: contrataba asesores tributarios, bufetes de abogados y analistas financieros en las principales capitales europeas, pero retenía la decisión final sobre contratos de sponsoreo, traspasos de clubes y derechos de imagen.
Juntos transformaron el apellido en una marca multinacional y en un emporio inmobiliario e industrial que trascendió las fronteras de España, Estados Unidos y la Argentina. Ni siquiera los momentos más complejos —como los diferendos fiscales con la Hacienda española por la gestión de derechos de imagen— lograron erosionar el vínculo de confianza ciega entre padre e hijo.
La decisión final: el regreso al origen
En sus últimos meses, atravesando una severa enfermedad diagnosticada y tratada en centros de alta complejidad de Estados Unidos y Argentina bajo el más absoluto hermetismo médico y familiar, Jorge eligió regresar a Rosario. La reticencia familiar ante la exposición mediática se profundizó durante el último trayecto de su vida, reflejándose en el perfil reservado que mantuvo la estrella de la Selección en sus últimas presentaciones internacionales.
Jorge Messi falleció en el entorno privado donde comenzó la travesía: rodeado por su familia en la misma ciudad desde donde partió a Europa con un niño de 13 años y la convicción solitaria de que cambiaría la historia del fútbol.

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