28 agosto, 2026

Despedida histórica: una marea humana acompañó el cortejo fúnebre del Indio que culminó esta madrugada

Una multitud calculada en decenas de miles de personas peregrinó hasta el microestadio municipal bonaerense para brindar el último adiós al exlíder de Los Redondos. El funeral, signado por himnos contraculturales y escenas de profunda devoción popular, concluyó en las primeras horas de la madrugada.

La monumental movilización civil que transformó los alrededores del predio ferial en un epicentro de peregrinación rockera responde a la necesidad de las masas de canalizar colectivamente el duelo por la desaparición del mayor ícono de la contracultura nacional. La ceremonia de despedida de Carlos Alberto «El Indio» Solari congregó a contingentes provenientes de todo el mapa federal, quienes reeditaron por última vez la mística y los rituales propios de las históricas «misas ricoteras». Los motivos de esta masiva vigilia bajo el cielo bonaerense radicaron en transformar el tradicional espacio de recogimiento fúnebre en una celebración combativa de su obra artística, donde las banderas de satén, las bengalas y los cánticos de tribuna reemplazaron al silencio protocolar.

Las causas del desborde organizativo que obligó a las autoridades locales a extender el horario de apertura del recinto combinaron la devoción intergeneracional con el estricto perfil independiente que el músico cultivó en vida. El operativo de seguridad y asistencia sanitaria debió contener a columnas de seguidores que acamparon durante más de veinte horas sobre la avenida Mitre, desafiando las bajas temperaturas estacionales para poder ingresar apenas unos segundos al perímetro donde yacían los restos del cantante. La masividad del evento ratificó el diagnóstico de los sociólogos del arte: el fenómeno de Solari excede los márgenes comerciales de la industria discográfica, funcionando como un aglutinador de identidad social y refugio de resistencia cultural para los sectores populares.

La finalización del velatorio en las primeras horas de esta madrugada dio paso a un cortejo final reservado para su círculo íntimo, custodiado a la distancia por una marea humana que acompañó el vehículo fúnebre a lo largo de varios kilómetros de autopista. El trasfondo del sepelio dejó en evidencia el carácter transversal de su legado, uniendo en un mismo espacio físico a referentes del arco político, personalidades del activismo de derechos humanos y obreros industriales de la periferia. Al dispersarse las últimas facciones de la multitud tras el cierre de las puertas del microestadio, la despedida de Solari se consolidó como la última gran manifestación de fe pagana del rock argentino, sellando el ingreso definitivo de su figura al panteón de los mitos populares imperecederos.