28 agosto, 2026

Crecimiento sin empleo: las derivaciones del preocupante derrumbe de las plantillas fabriles

Los últimos datos de la Secretaría de Trabajo consolidan una persistente fase contractiva que ya borró más de 314.000 puestos registrados desde finales de 2023. La disociación entre un PBI en alza, empujado por sectores extractivos y de capital intensivo, y un mercado interno asfixiado por la pérdida de puestos de calidad expone el principal límite social del programa económico.

El retroceso del 0,2% mensual en el empleo registrado de marzo representa la consolidación de una tendencia estructural que no encuentra un piso firme. Los motivos de esta sangría laboral, que la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) ya proyecta con signo negativo también para el mes de abril, radican en la fisonomía del esquema productivo vigente. Mientras la actividad agregada muestra signos de expansión traccionada por el agro, la minería y el sector energético, estos sectores operan con altos niveles de automatización e inversión de capital, lo que los vuelve ineficaces a la hora de absorber la mano de obra excedente que descartan los rubros tradicionales dependientes del consumo doméstico.

Las consecuencias directas de esta asimetría sectorial golpean con especial dureza al corazón del entramado industrial y comercial. Al no registrarse una recuperación del poder adquisitivo en el mercado local, las empresas medianas y grandes se ven forzadas a recortar sus plantillas estables para sostener sus márgenes de rentabilidad, destruyendo más de 10.000 puestos formales solo en el último mes relevado. La peor parte de este desarme se la lleva el sector manufacturero, que resignó 5.000 operarios en marzo y acumula una baja histórica de 80.000 asalariados de alta calificación desde el recambio de gestión, operando como el principal motor de la precarización hacia modalidades de subocupación o informalidad laboral.

El impacto definitivo de este mapa de exclusión altera las bases del humor social y condiciona la sustentabilidad política de las reformas en el mediano plazo. Con un acumulado que ya supera las 216.000 bajas netas en el sector privado corporativo, el vaciamiento del empleo de calidad elimina la principal vía de movilidad social ascendente y deprime aún más la recaudación de los sistemas de seguridad social. Al consolidarse la destrucción de puestos registrados como la regla de la etapa actual, el modelo económico se enfrenta al desafío de administrar una brecha cada vez más profunda entre el éxito macroeconómico de sus variables exportadoras y el deterioro crónico de las condiciones de vida de la población urbana.