28 agosto, 2026

Brote de triquinosis en Córdoba: los riesgos detrás del consumo de carnes salvajes y la falta de control bromatológico

El Ministerio de Salud provincial confirmó 23 contagios distribuidos en tres focos epidemiológicos diferentes. La aparición de un lote vinculado a la ingesta de jabalí encendió las alarmas de las autoridades sanitarias, quienes alertan sobre las falencias en la fiscalización de chacinados caseros y el peligro del comercio informal de alimentos de caza.

La triquinosis es una enfermedad endémica recurrente en la zona central del país, habitualmente asociada a la faena domiciliaria de cerdos sin el control veterinario correspondiente. Sin embargo, la detección simultánea de 23 casos en la ciudad de Córdoba y Malvinas Argentinas marca un escenario de preocupación por la dispersión geográfica y la variedad de las fuentes de contagio. La situación epidemiológica actual adquiere una complejidad mayor debido a la presencia de menores de edad entre los afectados y a la confirmación de que un tercio de las infecciones se originó por el consumo de subproductos de animales salvajes, un circuito de comercialización marginal que elude de forma sistemática los filtros e inspecciones de los organismos estatales de control.

El diagnóstico de las áreas de zoonosis y fiscalización expone las graves consecuencias de la informalidad en la cadena alimentaria. Los motivos de este brote radican en la ingesta de carne cruda o mal cocida —principalmente embutidos y chacinados— contaminada con el parásito Trichinella spiralis. El trasfondo crítico del caso actual es el consumo de jabalí, una especie exótica invasora cuya caza y posterior procesamiento casero suelen realizarse al margen de los análisis de digestión artificial exigidos por el SENASA. Al tratarse de animales de vida silvestre, los controles bromatológicos convencionales se vuelven ineficaces si los propios consumidores o elaboradores no remiten las muestras de entraña a los laboratorios autorizados antes de preparar los alimentos.

Las consecuencias de esta falta de prevención saturan el sistema de salud y obligan a una fuerte intervención de los organismos de control agroalimentario. Con focos familiares bajo investigación y contagios que involucran productos traídos desde otras provincias, el Ministerio de Bioagroindustria y los municipios debieron activar auditorías urgentes en puestos de venta ambulante y locales no habilitados. El impacto definitivo de esta alerta sanitaria dependerá de la concientización social: el peligro no se erradica con el decomiso de mercadería, sino transformando los hábitos de consumo de la población, la cual debe evitar la adquisición de embutidos sin rótulo oficial y comprender que los procesos de salazón o ahumado caseros no eliminan el parásito si la materia prima no fue debidamente testeada.