La discusión parlamentaria por el régimen de Zona Fría reabre la disputa entre la provincia de Córdoba y la administración central, mientras los datos del primer semestre confirman la centralidad de la agroindustria en la provisión de divisas.
El inminente debate en la Cámara de Senadores sobre la modificación del régimen de subsidios energéticos conocido como Zona Fría ha reactivado las fricciones políticas entre el gobierno de Córdoba y el Poder Ejecutivo Nacional. Pese a la articulación que la administración central busca consolidar mediante la Jefatura de Gabinete conducida por Diego Santilli y los acuerdos fiscales alcanzados con gobernadores de las provincias del norte, el Ejecutivo cordobés encabeza la oposición a cualquier modificación que recorte los beneficios sobre los departamentos de su territorio. La iniciativa oficialista expone dinámicas contrapuestas en el plano federal: por un lado, la adopción de posiciones de negociación pragmática por parte de mandatarios que integran el bloque de Provincias Unidas (como Gustavo Valdés de Corrientes o Carlos Sadir de Jujuy) y, por otro, la estrategia del oficialismo cordobés, cuya representación parlamentaria en la Cámara Alta —encabezada por la senadora Alejandra Vigo— ratificó su voto en contra de la reforma.
En el plano político local, el conflicto funciona como un eje de confrontación territorial de cara al escenario electoral. La dirigencia del espacio provincial Hacemos Unidos por Córdoba ha enfocado sus críticas sobre el diputado nacional Gabriel Bornoroni, referente de La Libertad Avanza en la provincia, reprochándole acompañar esquemas de ajuste en las tarifas energéticas que afectan la competitividad del entramado productivo e industrial de los municipios cordobeses. Esta dinámica se da en un marco donde el bloque de gobernadores patagónicos y del centro del país busca preservar mecanismos de compensación tarifaria regional frente al sesgo fiscalista de la Casa Rosada y la persistencia de subsidios concentrados en la región metropolitana.
En el ámbito macroeconómico, el sector agroindustrial confirmó su rol prioritario en la generación de divisas para el balance de pagos. Según datos presentados por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), las exportaciones de las cadenas agroproductivas experimentaron un incremento interanual del 18% durante el primer semestre, alcanzando una participación del 57% sobre el total de los envíos de bienes al exterior. Destacó el desempeño del complejo sojero con ingresos superiores a los 9.000 millones de dólares y el aporte del maíz con 4.200 millones, además del récord histórico registrado por el sector del girasol, que creció un 129% interanual.
El informe técnico de FADA resalta que, a pesar de la paulatina expansión de la producción hidrocarburífera e hidroeléctrica, la agroindustria continúa funcionando como la principal fuente de divisas operativas. A su vez, estimaciones del sector señalan que un esquema de remoción progresiva de los derechos de exportación (retenciones) permitiría expandir la oferta exportable en hasta 25.800 millones de dólares adicionales y generar más de 500.

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