Un relevamiento del Observatorio Político de la Dirección Nacional Electoral sobre 1.201 bancas y 1.275 intendencias revela la arquitectura real de la gobernabilidad en Argentina. Frente al modelo tradicional de hegemonía territorial, La Libertad Avanza enfrenta la paradoja de un alto caudal electoral nacional con una implantación municipal casi nula, situando a Córdoba como un caso paradigmático de equilibrio instituido.
Ganar una elección presidencial no equivale a controlar el territorio ni a garantizar la gobernabilidad en los poderes legislativos subnacionales. Un informe elaborado por el Observatorio Político de la Dirección Nacional Electoral (DINE) mapeó la articulación institucional de las 24 jurisdicciones del país a partir de la correlación entre bancas legislativas y el control de intendencias.
El trabajo introduce un índice de gobernabilidad que clasifica a los gobiernos provinciales en tres categorías: «hegemónicos» (9 provincias con alto control legislativo y territorial, como Formosa, Tucumán o Santa Fe), «dialoguistas» (12 distritos con márgenes de negociación forzada, como Córdoba y Buenos Aires) y «en minoría» (3 jurisdicciones con marcada debilidad legislativa u oposiciones territoriales predominantes: CABA, San Juan y Neuquén).
La lógica invertida de La Libertad Avanza: poder «de arriba hacia abajo»
El hallazgo central del relevamiento es la anomalía que representa La Libertad Avanza (LLA) en el sistema político argentino. Históricamente, las fuerzas tradicionales (PJ y UCR) construyeron su poder desde la base municipal hacia las legislaturas, las gobernaciones y, finalmente, la Presidencia. El espacio de Javier Milei operó de manera inversa: desembarcó en el Poder Ejecutivo Nacional y expandió su presencia en bloques parlamentarios, pero carece de intendentes propios y estructuras de gestión local en la inmensa mayoría del país.
- El caso de la Provincia de Buenos Aires: LLA cuenta con un 21,7% de representación tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado provincial, pero su peso territorial en la administración de municipios es insignificante frente al peronismo y a las coaliciones opositoras tradicionales.
- Capital Federal y Catamarca: En CABA representa la segunda fuerza parlamentaria con el 23,3% de las bancas de la Legislatura, mientras que en Catamarca ostenta el 24,39% de los diputados provinciales sin gobernar un solo municipio.
Córdoba como laboratorio: el equilibrio entre territorio y Unicameral
La provincia de Córdoba se ubica en la categoría de distrito «dialoguista», caracterizándose por una de las correlaciones más simétricas entre presencia municipal y representación legislativa. El oficialismo provincial, Hacemos Unidos por Córdoba, conducido por Martín Llaryora, administra el 46,33% de los municipios y ocupa el 47,14% de las bancas en la Unicameral. Esta paridad fuerza a la gestión a negociar ley por ley al no contar con mayoría absoluta propia (36 sobre 70 escaños).
| Fuerza Política en Córdoba | Representación Territorial (Intendencias) | Representación Legislativa (Unicameral) |
| Hacemos Unidos por Córdoba | 46,33% (120 municipios) | 47,14% (33 bancas) |
| Vecinalismo | 11,96% (31 municipios) | 1,43% (1 banca) |
| La Libertad Avanza | 0,00% (0 municipios) | 0,00% (sin bloque orgánico) |
El mapa cordobés expone dos dinámicas singulares: por un lado, el peso del vecinalismo, que gobierna 31 municipios pero carece de correlato proporcional en la Unicameral; por el otro, la brecha de LLA, que a pesar de haber obtenido aplastantes victorias en las elecciones presidenciales dentro de la provincia, no cuenta con jefes comunales ni con una bancada orgánicamente reconocida en el parlamento cordobés.
Hacia el desafío electoral de 2027
El informe de la DINE plantea un interrogante clave para el próximo turno electoral: si la construcción de poder «de arriba hacia abajo» de Javier Milei es un modelo de comunicación y marca electoral sostenible o si constituye una etapa transitoria que requerirá, inevitablemente, de la cooptación o creación de estructuras municipales para sostener la gobernabilidad a largo plazo. La contienda por las gobernaciones e intendencias en 2027 determinará si el fenómeno libertario logra echar raíces territoriales o si encuentra su límite en las lógicas de la política subnacional.

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