El mercado del delivery y la mensajería a través de plataformas digitales en Córdoba experimenta una transformación estructural en su composición demográfica. Ante la contracción del empleo formal y la erosión del poder adquisitivo, el sector —históricamente dominado por varones jóvenes— se convirtió en una malla de contención para un volumen creciente de mujeres, jubilados y adultos mayores de 50 años que se vuelcan a las calles para complementar sus ingresos o sustituir puestos de trabajo perdidos.
Aunque la falta de estadísticas oficiales y la informalidad dificultan un censo exacto, informes gremiales y corporativos estiman que el ecosistema de aplicaciones en Argentina moviliza a un millón de prestadores, de los cuales unos 200.000 se desempeñan específicamente en la cadetería y el reparto en moto o bicicleta. El crecimiento es exponencial: durante el último año, la masa de repartidores se incrementó en un 38%, consolidando a Córdoba capital como un polo con al menos 10.000 trabajadores en las calles bajo un fuerte tironeo por la regulación laboral y el costo de la canasta básica.
Tensiones estadísticas: ¿Complemento temporal o jornada completa?
Los datos de la industria exponen una brecha de percepción entre la flexibilidad que promueven las empresas tecnológicas y la rutina de subsistencia que denuncian las bases sindicales. Las posturas encontradas exponen dinámicas operativas muy distintas:
- La perspectiva corporativa (Rappi): Los directivos afirman que el perfil actual del repartidor está fuertemente asociado al complemento de ingresos. Con 45.000 usuarios activos mensuales a nivel nacional, la empresa registra que el promedio de conexión es inferior a las 10 horas semanales por repartidor (unos 77 pedidos mensuales) y detecta una alta rotación, con ciclos de permanencia de apenas 53 días entre la primera y la última entrega. Según su análisis, el capital previo (poseer un automóvil) empuja a los mayores hacia aplicaciones de transporte de pasajeros, mientras que el delivery de comida retiene un 80% de menores de 30 años.
- La realidad gremial (Asimm): El sindicato de motociclistas de Córdoba refuta la idea del «microtrabajo» recreativo. Aseguran que para generar ingresos reales que cubran los costos fijos (nafta, mantenimiento de los vehículos, seguro y monotributo), los cadetes deben cumplir jornadas de entre 4 y 8 horas diarias. De acuerdo con estudios locales de la Fundación Encuentro, el valor promedio por viaje neto ronda los $2.553, lo que obliga a un repartidor a concretar 461 pedidos mensuales (unos 140 por semana) para equiparar el costo de una Canasta Básica Total.
Precarización versus modernización: el debate por los derechos
El trasfondo legal del sector quedó encuadrado bajo la Ley de Modernización Laboral, que ratifica el vínculo entre los repartidores y las aplicaciones como una prestación de servicios independientes regulada por el Código Civil y Comercial. Las plataformas defienden este modelo comercial argumentando que se hacen cargo de pólizas de accidentes personales y reintegros médicos, alineándose con las directrices de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que facultan a cada país a determinar el carácter independiente de las nuevas economías de plataformas.
No obstante, la vulnerabilidad en la vía pública sigue siendo el principal reclamo en las bases. Los repartidores denuncian un «desamparo total» ante la falta de interlocutores humanos en las plataformas —reemplazados por sistemas automatizados de soporte— y prácticas algorítmicas punitivas, como la suspensión de cuentas o pausas forzadas cuando se transita por zonas consideradas «rojas» por la inseguridad. Ante el incremento de los robos de vehículos y recaudaciones en los barrios periféricos de la capital cordobesa, el gremio elevó proyectos a la Legislatura y al Concejo Deliberante para exigir la creación de un registro obligatorio de trabajadores en moto y la provisión estatal de dispositivos de seguimiento satelital (GPS).
El orgullo de sostener el hogar sobre dos ruedas
El cambio de era se refleja en historias como la de Gabriela Rivas, quien a los 50 años ejerce como tesorera del sindicato tras una década y media de reparto continuo en Córdoba. Su experiencia personifica el paso del delivery gastronómico tradicional —basado en el trato directo y la negociación de viáticos de lluvia con los dueños de los locales— hacia el anonimato de los algoritmos de asignación de pedidos.
Habiendo criado sola a sus cuatro hijos gracias al reparto, Rivas cumple hoy triples turnos que extienden su jornada desde las 8 hasta las 20 para compensar el impacto inflacionario. Su testimonio visibiliza el reclamo de una generación que ingresó al sector de manera transitoria pero que hoy demanda el reconocimiento de derechos laborales clásicos, como la cobertura de una obra social, vacaciones pagas y aguinaldo, elementos ausentes en la estructura actual del trabajo autónomo virtual.
En definitiva, la consolidación de las plataformas como empleador de última instancia expone la urgencia de discutir un marco de protección intermedio. Mientras el consumo de las aplicaciones sostiene proyecciones de crecimiento del 35% anual motorizado por la comodidad del usuario, el sistema descansa sobre los hombros de una fuerza de trabajo envejecida que asume los riesgos físicos de la calle a cambio de la urgencia del sustento diario.

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