El gobernador Martín Llaryora acelera su agenda de gestión en el interior provincial apoyado en encuestas favorables de la consultora Aresco. Sin embargo, su plan de reelección enfrenta dos variables clave no controladas por el Panal: la posible unificación de la oposición y el futuro político de Natalia de la Sota.
A pesar de la falta de certeza sobre el calendario electoral de 2027, el escenario político en Córdoba se reconfigura a partir de proyecciones y encuestas. Llaryora apoya su estrategia en el despliegue territorial y la gestión pública, manteniéndose al frente en los sondeos de intención de voto presentados por Aresco. Pese al optimismo del oficialismo, la posibilidad de que los referentes opositores —Luis Juez, Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni— logren articular una alianza unificada representa el principal riesgo para la continuidad de Hacemos por Córdoba.
El segundo frente de incertidumbre se ubica dentro del propio peronismo. La diputada nacional Natalia de la Sota evalúa competir por fuera de la estructura oficialista si el Ejecutivo provincial profundiza su alineamiento con la Casa Rosada. Una eventual candidatura de la legisladora fragmentaría el voto del peronismo tradicional y captaría al electorado crítico de Javier Milei. Ante estas variables, el oficialismo busca evitar la consolidación de un bloque opositor único y contener las fracturas internas para asegurar su margen de gobernabilidad.

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