Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA revela que casi el 30% de los hogares recurre al crédito informal y formal para sostener gastos cotidianos y alimentos. Las cifras exponen una brecha social de casi cuatro veces más presión sobre los sectores vulnerables, contradiciendo la postura de la Casa Rosada que atribuye las deudas a consumos prescindibles.
El debate sobre la sostenibilidad económica de las familias en Argentina suma una dimensión crítica a partir de los datos procesados por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA. La investigación liderada por Agustín Salvia e Iñaki González pone cifras a un fenómeno estructural: el 27,4% de los hogares en aglomerados urbanos necesita pedir dinero prestado no para adelantar la compra de bienes durables ni para financiar viajes, sino para cubrir el presupuesto ordinario de subsistencia, como alimentos, servicios y medicamentos.
El informe contrasta fuertemente con la postura del presidente Javier Milei, quien en intervenciones públicas desestimó la intervención estatal en la cartera de deudores por considerarlo «un problema entre privados», vinculando el sobreendeudamiento con consumos extraordinarios como la compra de televisores durante eventos deportivos. Sin embargo, el desglose estadístico del ODSA demuestra que la necesidad de financiamiento no responde a decisiones de consumo discrecional, sino a un mecanismo de defensa frente a la erosión del ingreso real. En el estrato socioeconómico muy bajo, el 47,5% de los hogares debe acudir a préstamos, frente a solo un 11,8% en el sector medio-alto.
Esta disparidad se profundiza al evaluar el impacto del estrés económico —la percepción subjetiva y objetiva de que los ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica—. En los hogares que padecen esta vulnerabilidad financiera, la necesidad de endeudarse trepa al 49,2%, multiplicando por 3,7 la incidencia registrada en los sectores con capacidad de ahorro o cobertura de gastos. Asimismo, en la combinación de pobreza y estrés presupuestario, la cifra alcanza un pico del 55,8%, evidenciando que más de la mitad de las familias en situación de indigencia o pobreza recurren a la refinanciación constante para sostener la vida cotidiana.
El mapa territorial refleja además dinámicas dispares pero homogéneamente críticas en los cordones urbanos. Mientras que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires registra un 12,8% de recurrencia al crédito para gastos corrientes, el Conurbano bonaerense alcanza el 29,7% y las ciudades del interior del país (resto urbano) encabezan el indicador con el 30,6%. Para los analistas de la UCA, convertir el crédito en un sustituto del salario genera una trampa de liquidez: ante cualquier aumento de gastos fijos o encarecimiento de las tasas de interés, la capacidad de pago colapsa, abriendo la incógnita sobre la efectividad de dejar la resolución del sobreendeudamiento exclusivamente a las fuerzas del mercado.

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