13 octubre, 2026

El dilema de la ganadería: por qué la carne vacuna marca récords de precio con menos consumo local

Un informe de la Fundación Mediterránea-Ieral revela que la carne aviar superó a la vacuna en el consumo per cápita nacional (47 kg frente a 46,7 kg anuales). Lejos de responder a una preferencia cultural hacia la proteína blanca, el hito refleja un proceso de sustitución forzada por la combinación de un precio bovino en máximos históricos reales y el mínimo nivel de oferta interna en más de tres décadas.

El desplazamiento de la carne vacuna como principal proteína de la dieta argentina no configura un cambio de hábito culinario voluntario, sino la consecuencia directa de un estrangulamiento de la oferta doméstica. El relevamiento elaborado por los economistas Juan Manuel Garzón y Franco Artusso (Ieral) demuestra que el avance del pollo (47 kg/habitante/año) sobre el vacuno (46,7 kg) responde a un piso histórico en la disponibilidad interna de carne bovina, que cayó a 46,2 kg per cápita entre septiembre de 2025 y agosto de 2026. Este déficit local resulta del choque simultáneo entre una menor faena —la producción cayó 6,4% por habitante— y una absorción creciente del volumen por parte de los mercados de exportación (+4,1%), fenómeno que ni siquiera el salto porcentual de las importaciones (+172,1%, desde bases marginales) logró amortiguar.

La dinámica del mercado revela una severa restricción de accesibilidad vía precios reales. Pese a haber recortado un 10,1% desde el pico registrado en marzo, la canasta promedio de cortes bovinos cotizó en agosto de 2026 a $17.871 por kilo, encareciéndose un 13,3% interanual real y situándose un 30,3% por encima de la media histórica de los últimos 20 años para ese mes. Al consolidarse agosto de 2026 como el más costoso del período 2006-2026, el mercado de carnes operó bajo una estricta elasticidad de sustitución: ante la imposibilidad del salario de absorber los valores reales de la hacienda en pie, el consumo masivo se desplazó mecánicamente hacia el pollo y el cerdo (20,1 kg), consolidando una canasta proteica configurada por la pérdida de poder adquisitivo.

Esta reconfiguración estructural plantea un dilema de fondo para la cadena cárnica: la consolidación de un modelo ganadero con mayor orientación hacia divisas externas perpetúa precios locales desacoplados del ingreso medio, consolidando al pollo como el techo de consumo popular. Sin un salto cuantitativo en la faena que aumente la oferta global de kilogramos por cabeza, la tensión entre la rentabilidad exportadora del sector y la capacidad de compra del mercado interno continuará profundizando el repliegue histórico del vacuno en la mesa argentina.