La evaluación global de la OCDE registró una caída promedio de 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas, lo que equivale a la pérdida de más de un año de escolarización. El retroceso expone los límites de las aulas pospandemia frente al impacto de las pantallas y el uso acrítico de la inteligencia artificial.
Los resultados de la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) revelaron el deterioro más pronunciado de las competencias educativas globales desde que el organismo comenzó a medir a alumnos de 15 años. Con una muestra que alcanzó a 760 mil estudiantes de 91 países y territorios, el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) constató una contracción severa en habilidades básicas: entre 2015 y 2025, la lectura cayó 28 puntos y las matemáticas 22. Según las métricas internacionales, una brecha de 20 puntos representa la pérdida equivalente a un año lectivo completo, encendiendo las alarmas sobre la capacidad de la enseñanza tradicional para construir pensamiento crítico.
El desplome es particularmente agudo en la comprensión lectora, concebida no como la mera decodificación de un texto, sino como la facultad de evaluar datos, confrontar fuentes disímiles e inferir significados. La OCDE destaca que este retroceso compromete transversalmente el resto de las disciplinas, afectando desde la resolución de problemas lógicos hasta la interpretación científica. La investigación asocia este fenómeno con factores de contexto como la fragmentación de la atención por la sobreexposición a pantallas, la pérdida del hábito lector y la acelerada adopción de herramientas de inteligencia artificial. Aunque el uso de IA mostró una correlación negativa con los rendimientos en ciencias en varios países, la relación resulta ambivalente: las potencias educativas que lideran el podio mundial registraron simultáneamente los mayores índices de integración tecnológica.
El mapa del desempeño escolar ratifica la brecha estructural entre regiones. Asia consolidó su hegemonía global con Singapur al frente en lectura, mientras que los distritos chinos de Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, junto a Japón, Corea del Sur y Taiwán, coparon los primeros puestos en matemáticas y ciencias. En contraste, América Latina se mantiene en los estratos medio-bajos de la tabla, con liderazgos atomizados: Chile conservó el primer lugar regional en lectura y Uruguay encabezó en ciencias y matemáticas. A pesar de ligeras evoluciones en Costa Rica y El Salvador, ningún país latinoamericano logró posicionarse en el segmento superior global, reabriendo la incógnita sobre cómo reestructurar los marcos curriculares para evitar que la brecha de aprendizaje siga profundizándose.

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