13 octubre, 2026

Alerta global por El Niño: se intensificará en los próximos meses y prevén impactos extremos hasta 2027

La OMM advirtió que el fenómeno alcanzará una categoría muy fuerte hacia fines de 2026, alterando los patrones de lluvias, sequías y temperaturas en todo el planeta. Especialistas explicaron cómo funciona el sistema oceanográfico y de qué manera afectará a la Argentina y a la región.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y agencias climáticas internacionales encendieron las alarmas globales al confirmar que el episodio actual del fenómeno de El Niño continuará fortaleciéndose en los próximos meses hasta alcanzar un nivel «muy fuerte», proyectando que sus consecuencias sobre el clima global se extenderán al menos hasta 2027. La Secretaria General del organismo, la argentina Celeste Saulo, advirtió sobre el potencial del evento para asestar un duro golpe a las economías y comunidades globales, impulsando el agravamiento de sequías severas e inundaciones devastadoras a medida que el ciclo alcance su fase de mayor intensidad.

En términos científicos, El Niño constituye la fase cálida de un patrón natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un sistema en el que el océano y la atmósfera interactúan de manera constante. Ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental registran un calentamiento anómalo durante varios meses consecutivos. Según explicaron los meteorólogos Cindy Fernández y Marcelo Madelón, la alteración en la temperatura marina modifica directamente la atmósfera sobre esa región al transferirle una mayor cantidad de calor y vapor de agua. Este proceso debilita los vientos alisios que habitualmente empujan las aguas hacia el oeste y altera el comportamiento de la corriente fría de Humboldt, reordenando los centros de alta y baja presión y modificando la trayectoria global de las masas de aire a miles de kilómetros de distancia.

El alcance regional de esta alteración genera escenarios marcadamente dispares a escala planetaria. Mientras que en amplias zonas de Centroamérica, el norte de Sudamérica, la cuenca del Amazonas, el sudeste asiático, Australia y la India se anticipan períodos de sequías prolongadas, pérdidas en los cultivos de consumo básico, riesgo de incendios forestales y déficit en las lluvias monzónicas, en otras regiones la acumulación de vapor de agua desencadenará lluvias torrenciales y deslizamientos de tierra. En ese sentido, los expertos aclararon que, aunque El Niño es un fenómeno natural y no una consecuencia directa del cambio climático, el hecho de que se desarrolle sobre un planeta con océanos y una atmósfera previamente más cálidos por la actividad humana tiende a multiplicar la severidad de sus eventos extremos.

En el caso particular de la Argentina, los efectos principales se manifestarán con mayor claridad durante la primavera y el verano. Históricamente, las fases intensas de El Niño propician un régimen de precipitaciones por encima de lo normal en la franja central y el noreste del país, ubicando a la región del Litoral —integrada por Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe— entre las áreas más vulnerables. Como señaló el meteorólogo José Bianco, la presencia de este fenómeno establece una tendencia hacia un escenario predominantemente húmedo y proclive a crecidas en las grandes cuencas de los ríos Paraná y Uruguay. Esto incrementará significativamente el riesgo de anegamientos urbanos, saturación de los sistemas de desagüe y complicaciones en barrios vulnerables y sectores productivos.